domingo, 12 de septiembre de 2010

"ESCENA DE CAZA", PRÓLOGO DE BELLAS Y SUICIDAS DE NORA ALARCÓN

Este miércoles 15 de setiembre a las 7:00 p.m. se presenta el libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón en el local Brisas del Titicaca (Jr. Wakulski 180, altura cuadra 1 Av. Brasil). Estarán en la mesa de presentación José Pancorvo y Héctor Ñaupari. Como un adelanto a ese día publicamos el prólogo del libro:

“Una escena de caza
en que el amante
azuza hacia la amada los mastines,
abre en canal su espalda
y arrojando a las bestias
las vísceras sangrantes
da de nuevo comienzo, como un sueño
—ella expía y consiente y habita
el mismo sueño—, a la persecución”.

Olvido García Valdés

Experiencias felices en la temprana juventud, lecturas decisivas que enriquecieron la madurez y terribles desilusiones a lo largo de la misma, son vicisitudes que han dejado alguna huella en mi interior, perceptible para mí y, seguramente, imperceptible para aquellos a quienes poco les importo. He vivido la angustia de atravesar el tiempo de la perdida de seres muy queridos y, además, he sentido que el amor no ha tocado conveniente ni oportunamente a mi puerta.

Cuando viví en Barcelona, me sentía ensimismada en mi soledad y en el exilio voluntario que me había sumido en un nostálgico mal de país, dada la lejanía de mi pueblo. En esos momentos vino a mi memoria una invitación a un encuentro de poesía en la ciudad alemana de Berlín, al que asistí con la secreta esperanza de continuar un romance, fatalidades del destino no se pudo cristalizar. Este fue uno de los detonantes que me llevaron a los senderos oscuros de la depresión. El Mediterráneo fue testigo de mis penas: caminaba solitaria, me empapaba con el aguacero invernal de febrero, el mes más frío en el hemisferio norte. Abril no era el mes más cruel —como en el poema de Eliot—, sino ese lluvioso y gélido febrero.

Esa experiencia fue una especie de muerte. Mi alma se partía. Pensé que el mundo me aplastaría. En aquella época leí los poemas de Sylvia Plath, me enteré que para ella la poesía y su vida eran una especie de apología a la muerte. Entonces, el fantasma del suicidio se apoderó de mis pensamientos y revoloteaba en mi cabeza como una zumbante mosca azul. Estos designios e imágenes sumadas a la posterior lectura de algunas poetas, cuyas vidas fueron más trágicas que las experiencias que yo experimentaba en ese entonces, han hecho que me sienta identificada con la sensación de asumir una decisión tan dura como es la de quitarse la vida. Los motivos pueden ser una infinidad de sucesos: una traición, una llamada, una carta, un accidente, una melodía, una despedida, una muerte, una enfermedad, un divorcio, un error inocente, el hastío, la incomprensión, la marginación, etc.

La compilación de este libro que tiene como denominador común el reunir a poetas suicidas de sexo femenino, todas ellas fallecidas a lo largo del siglo XX, es una especie de catarsis para enfrentar aquel espectro que me ha rondado en situaciones extremas. A veces somos como animales irracionales que destruimos todo lo bello que tenemos o podríamos tener. Somos demasiado crueles con nosotros mismos, matamos al amor, lo ahogamos en un gran charco de barro y sangre, y vamos en contra de nuestro destino. Ahora, mi visión es otra, pienso en mi hijo que es la razón más fuerte para seguir adelante en mi camino, veo reflejados en él muchos sueños y esperanzas que aún no he podido conseguir en mi vida. Cada ser humano aprende de la experiencia, aún en los momentos más duros y en las caídas más difíciles. Quiero recuperar al menos la reminiscencia de los bellos días que viví o perdí, y salir para siempre del oscuro abismo. Cuántas historias contaron mis silencios, cuánto fervor hubo en mis locuras, qué extraña es la vida lejos de ese caos. Sólo ahora lo sé, sólo ahora, cuando retorno a mi país.

Mi propósito con esta antología es rendir un homenaje a aquellas poetas suicidas que en alguno de sus versos reconozco un fragmento de mi propio ser, una nostalgia o una emoción que yo misma nunca podría haber expresado con la misma precisión que aprisiona mi alma cuando las leo.

Son quince poetas suicidas las que se incluyen en este libro, sin embargo quiero nombrar en un acápite especial a Violeta Parra (San Carlos de Itihue, 1917–Santiago de Chile, 1967). No la incluyo dentro del marco de la antología, porque la considero más compositora musical que poeta. Ella se dedicó a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folklórica chilena. En 1953 compuso sus primeras canciones basadas en las formas folklóricas tradicionales. En 1965 se publicó en Francia su libro Poésie populaire des Andes. Es un referente indiscutible de la música latinoamericana. El 5 de febrero de 1967 se suicidó en su carpa de La Reina. En alguna estrofa de una de sus canciones dice: “Miren como corre el agua / batallando por la arena / así batalla mi amor / cuando le ponen cadenas. // Ingrato desconocido, / te haces que no me conoces, / me estoy muriendo por ti / y te estoy llamando a voces”.

En Bellas y suicidas encontraremos diferentes estilos y poéticas empezando con la poesía sentida e intimista de Florbela Espanca: “Morir no es fácil, no / pero es lo más correcto”. Sara Teasdale también es intimista, pero tiene un marcado discurso amoroso: “Mis piernas no responden, / y no he amado aún / Tan sólo fui palabras en mundo de gestos”. La poesía de Alfonsina Storni como un cincel de fuego dentro de un mundo de agua: "Un rayo a tiempo y se acabó la feria”. Antonia Pozzi nos envuelve con imágenes desvalidas, producto de la pobreza y la guerra: “De niña, en las tardes de noviembre / como en los montes seguía / la guerra / y la leña costaba / tanto —como la leche, como el pan—”. Marina Tsvetáieva con visiones de nostalgia, exilio y deterioro, siempre recordando los campos de nieve rusos: "Déjame que me muera mientras la vida es para mí un libro”. Sylvia Plath, dentro de una poesía confesional, nos hace partícipes de sus deseos de suicidase: “Morir es un arte, como cualquier otra cosa”. Alejandra Pizarnik nos lleva al mundo de los sueños y el silencio: “no / las palabras / no hacen el amor / hacen la ausencia”. María Emilia Cornejo con una poesía marcadamente erótica y de protesta frente al machismo imperante: “Soy la mujer que lo castró / Con infinitos gestos de ternura / Y gemidos falsos en la cama / Soy / La muchacha mala de la historia”. Anne Sexton, al igual que su compatriota Sylvia Plath, nos invita a presenciar su suicidio mediante las palabras y su vida: “Los suicidas ya han traicionado el cuerpo”. Veronica Forrest-Thomson de vasta cultura y con una poesía más reflexiva y racional: “Es un hecho que el amor cuando vuelve aburre. / Puede que yo no entienda de dioses pero sé / Que Eros es dios, poderoso y púrpura”. Ana Cristina César nos informa del pesar que le produce tener un cuerpo en esta vida: "No soy divina, no tengo causa / No tengo razón de ser / una finalidad propia: / Soy la propia lógica circundante”. Miyó Vestrini con una poesía de absoluta y brutal sinceridad: “El primer suicidio es único. / Siempre te preguntan si fue un accidente o un firme propósito de / morir”. Amelia Rosselli con una poesía de quiebres lingüísticos, siempre iluminando los pasadizos de la lengua: “cuando sobre un tank me acerco / a aquello que era un tango”. Marta Kornblith, se autodefine como ‘la loca de la casa’ con una poesía que transita los pabellones de las clínicas psiquiátricas y las relaciones familiares: “En todas las casas / habitará una poeta —loca además—”. María Mercedes Carranza, hija del poeta colombiano Eduardo Carranza, con una poesía existencial y que canta el derrumbe de una nación: “En esta casa los vivos duermen con los muertos, / imitan sus costumbres, repiten sus gestos / y cuando cantan, cantan sus fracasos. / Todo es ruina en esta casa”.

Finalmente debo expresar que, en el tránsito de conocer la vida y obra de estas poetas suicidas, mi condición de mujer se ha visto reforzada. Ahora me aferro a la luz de la vida, con más fuerzas y presento esta antología como colofón de una parte de mi existencia, considerando que la vida y el amor son milagros en nuestro existir y hay que disfrutarlos plena e íntegramente mientras duren. En definitiva, la poesía nos une ahora a todos los que luchamos por un sueño*.

Nora Alarcón


* Luego de terminada mi labor de recopilación de materiales para esta antología, Paul Guillén, editor de este libro, hurgando en una biblioteca encontró a otra poeta suicida: Paula Sinos Montoya nacida en Baracaldo (Vizcaya, España) en 1950. Ella sufrió de una temprana esquizofrenia, por lo cual estuvo recluida y sin vínculos sociales. Dejó un único libro titulado Contagio o la imposibilidad de una ilusión. Su muerte, la madrugada del 4 de diciembre de 1981, la cuenta el maquinista del tren que cubría la ruta Bilbao-Portugalete: “Vi un bulto a lo lejos, al final de la recta y creí que se trataba de un perro, no sé... un animal. Pité, pité y pité y no se apartaba. Estaba arrodillada, esperándome de frente. Frené, pero era tarde. Jamás olvidaré aquel rostro, su estúpida mirada". La referencia a Paula Sinos se puede leer en el libro Galería de suicidas de Eliseo González. Madrid: Huerga y Fierro editores, 2003. Ahí se cita el poema emblemático de Sinos:

Estorbo

Siempre puedes pensar que fue el tren el que se arrojó a ti.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Presentación del libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón

El miércoles 15 de setiembre a las 7:00 p.m. se presentará el libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón en la Asociación Cultural Brisas del Titicaca (Jr. Wakulski 180, altura cuadra 1 Av. Brasil).

Presentadores: José Pancorvo y Héctor Ñaupari
Participación musical: Julio Humala
Ingreso libre - vino de honor

Sobre el libro

Bellas y suicidas. Selección, notas y prólogo de Nora Alarcón. Prefacio de Max Silva Tuesta (Sol negro editores, 2010, 112 pags.)

Bellas y suicidas es una antología que reúne 15 voces de poetas mujeres suicidas del siglo XX. Las poetas son Florbela Espanca, Sara Teasdale, Alfonsina Storni, Antonia Pozzi, Marina Tsvetáieva, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, María Emilia Cornejo, Anne Sexton, Veronica Forrest-Thomson, Ana Cristina César, Miyó Vestrini, Amelia Rosselli, Martha Kornblith y María Mercedes Carranza.

martes, 29 de junio de 2010

NOTABLE DEBUT: MARIO MORQUENCHO EN "EL MISTERIO DE LA POESÍA" DE LA REVISTA CARETAS

Más de una vez me he referido a la renovada vitalidad del movimiento Hora Zero en base a la plena vigencia y actividad creativa de sus fundadores, el contar en sus filas con representantes de todo el país y la incorporación de poetas de las generaciones más recientes. El 22 de abril Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel presentaron, en el Salón Hora Zero del Bar Queirolo, en el jirón Camaná, el libro “Ciudadelirio”, de Mario Morquencho (Sol Negro editores, Lima, 2010).

Morquencho nació en Los Órganos, Piura, en 1982, y vive en Lima a partir del 2006. Es un poeta con todas las de la ley, que tiene una amplia gama de recursos técnicos y expresivos y los administra con soltura en referencia a una megalópolis a la que no termina de acostumbrarse. Habrá que seguirlo con atención... Un poeta hecho y derecho (Adolfo Polack, Revista Caretas, 17-06-2010)

Fuente: Caretas

viernes, 4 de junio de 2010

CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO POR FERNANDO ODIAGA GONZALES

El libro Ciudadelirio (Lima: Sol negro editores, 2010) de Mario Morquencho es la conciencia emergente de un hombre de provincia, forastero en esa metrópoli sicótica que es Lima la horrible, la de Salazar Bondy, en la que hay: “Un dulce malestar de Enero a Enero y un estarse muriendo todo el año”. Dicha conciencia emergente es lo que surge de la aprehensión y comprensión de las vivencias, las imágenes, que se presentan día a día en la gran ciudad, como una especie de extravío, un trastorno, en suma: un delirio. Morquencho escribe: “El cantar de la feria repleta de provincianos como yo/ retorna a mis oídos/ como silbido de viento clamando su existencia”; el viento que clama su existencia simboliza la vida de los provincianos, viento viajero que sopla y pasa volando desde los confines de la tierra (advenedizo por lo tanto), refrescando desde lejos un lugar, cualquier rincón del mundo, o por ejemplo: Lima la horrible.

El viento que se vuelve canto y que retorna a los oídos como un silbido podría ser esa conciencia delirante de la que hablamos al principio, conciencia que luego vive y siente: ”tratando de equilibrar la nostalgia/ bajo la sombra de un árbol” como canta Morquencho.

En el mismo poema que comentamos, Parque universitario, podemos leer frases como “letanía de horas”, expresión de la cadencia y el ritmo tediosos de la capital; o leemos la frase “tarde macerada” que son ese mismo ritmo de fatalidad y absurdo impregnado en las horas durante un paseo por la gran urbe, ahora transformados en embriaguez, en calma evasiva, en olvido, completando el sentido con la frase “cántaros de chicha” y el parque se transforma en una visión multifacética y policroma, en escala de grises, de libaciones y sabores ancestrales. Luego de su paseo Morquencho retorna en autobús: “a resucitar mi habitación desconocida”, es decir retorna al recogimiento, a la soledad, al propio cuerpo confinado en un espacio cotidiano, que para Morquencho tiene la cualidad de ser desconocido, ignorado. ¿Por qué? Porque Lima es una ciudad que nos extrae el espíritu y la vida como un holocausto al absurdo; porque apiñarse diez millones de seres humanos en un solo sitio parece una locura, algo irracional. No podemos ser todos, y a veces ellos te niegan ser algo, te quedas vacío, solo y no sabes quién o qué eres.

De nuevo en el autobús, retornando a casa, en la 73, ese elefante verde que cruza Lima de norte a sur, Mario Morquencho percibe los rostros de los seres que habitan la metrópoli, los escruta, advierte sus estados, los recrea poéticamente y nos muestra sus poéticos pasajeros de autobús, sentados o parados, como otra ofrenda del delirio: rostros que tienen todos los colores, de “bigotones, dormilones y viejos verdes”, “De princesas sin príncipe”, de “obrero mal pagado”, etc. El solo acto de mirar con la sensibilidad despierta, poniéndose en el otro, simula esa comprensión que se aleja y se acerca de la verdad como el delirio. Cada rostro se transforma en un acto verbal del poeta mientras la 73 sigue rumbo a Chorrillos.

Lima propiamente, es vista por Mario Morquencho como un “cielo preñado de sótanos/donde jugamos a vivir”. La imagen de los sótanos en el cielo es agramatical y contradictoria, con una connotación especial, que nos desvela lo que significa la urbe para el poeta. Cielo igualado a subsuelo. Confinamiento y libertad; en cierro e infinito; el cielo preñado de sótanos habla de una posibilidad, una esperanza, de soledad y libertad, “jugar a vivir” nos lleva también a la idea de libertad. Pero, ¿no es acaso que jugamos en los sótanos como los niños, y que el cielo preñado no es otra cosa que la mujer solitaria, libre, infinita, maternal, que nos ofrece “jugar a vivir” como la esperanza en la dicha y la plenitud, allí precisamente, en la gran urbe, sobre la cual se extienden penas, miserias, fatigas, tanto como falsas grandezas y oropeles. Allí Morquencho cantará a las “cartitas de amor” flotando “en heces por el río” o “algún borracho que micciona decadencia” y es así porque solo mirar y escuchar en las grandes ciudades como Lima te puede llevar a ese delirio involuntario donde se mezclan belleza y coprolalia, grandeza y miseria.

La imaginería poética de Mario en su delirante Lima vivencial es de primerísima inspiración, de acercamiento piadoso, revestido con lo mejor de los recursos estilísticos de nuestra tradición poética. El libro entraña un tributo a Trilce y al surrealismo, a Martín Adán y Jorge Eduardo Eielson, entre otros registros verbales y rasgos de estilo. Hay un aporte de los setentas en tanto hay ritmo urbano, protesta social, existencialismo, integralidad, como quería Juan Ramírez Ruiz y los horazerianos. Pero en Mario la protesta se diluye en la visión intimista y por el otro lado el altruismo se desnuda en una sensibilidad metafísica, tal vez en una búsqueda de una esperanza más radical, trascendente y poderosa frente al vacío y la nada. “Cuando suene la campana, el amarillo del desierto se confundirá con el sol”; es decir, en la nada y el vacío de una ciudad anómala, amoral, absurda, viciosa, finalmente la luz viajando en el infinito, como es el título del último poema, en el que hay una especie de visión profética, una promesa y una utopía, más allá de la muerte y el absurdo, para esos limeños que se han despertado llorando, como dice Eielson en el epígrafe del libro de Mario. El surrealismo y el intimismo se dan la mano en esta poesía donde Lima se ha transfigurado como en un sueño, se ha convertido en delirio.

CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO POR FRANCISCO MELGAR WONG

EXTRAÑA Y URBANA

La breve anotación biográfica que acompaña este poemario nos dice que Mario Morquencho nació en Piura en 1982, llegó a Lima en el 2006, empezó a escribir poesía durante una época depresiva de su vida y renunció a su trabajo para escribir este libro. Y al leer “Ciudadelirio” entendemos por qué. Empujado por la angustia, Morquencho sale a las calles de una ciudad que le resulta extraña, asombrosa, repulsiva, seductora y, a la manera del paseante baudelairiano que inaugura la poesía moderna tal como la entendemos hoy en día, transcribe sus impresiones en versos que emulan el ritmo vertiginoso de la urbe. Visiones de cines, parques, edificios, horizontes industriales, puentes y un relato que parafrasea a Poe (“Asesinato en la calle Omicrón”) delatan la deuda de Morquencho con la literatura de fines del siglo XIX. “Ahora me tendré que ir / por la odisea / y mi voz tendrá que luchar / con los claxon de las avenidas / y retornaré en autobús / a resucitar mi habitación / desconocida”. (Francisco Melgar Wong)

Diario El Comercio
Lunes 3 de mayo del 2010
http://e.elcomercio.pe/66/impresa/pdf/2010/05/03/ECCU030510c8.pdf

VIDEOS DE LA PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN CHICLAYO





IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN LA ALIANZA FRANCESA DE CHICLAYO







martes, 11 de mayo de 2010

VIERNES 14 DE MAYO: PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN LA ALIANZA FRANCESA DE CHICLAYO

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO

“Ciudadelirio”
(Sol negro editores, 2010)
del poeta piurano Mario Morquencho

Dos asedios críticos:

Hermenéutico: Fernando Odiaga Gonzáles
Semiótico: Antonio Castro Cruz

¡¡¡El tiempo de la presentación impresionista con mucha alabanza y loa gratuita ha quedado relegado a la historia, es necesario justificar y demostrar la calidad de un texto!!!

DÍA: 14 mayo
HORA 7.30 p.m.
LUGAR: AUDITORIO DE ALIANZA FRANCESA (Juan Cuglievan Nº 644 Chiclayo)

¡¡¡Entrada libre!!!

PRESENTACIÓN DEL LIBRO CIUDADELIRIO (SOL NEGRO EDITORES, 2010) DE MARIO MORQUENCHO EN EL CHASKA DE TRUJILLO

miércoles, 5 de mayo de 2010

Enrique Verástegui y Teoría de los cambios por Elton Honores

Enrique Verástegui. Teoría de los cambios. Lima: Sol Negro/ Cascahuesos, 2009. 66 pp.

La editorial Sol Negro, dirigida por Paul Guillén, junto a la editorial Cascahuesos, nos entregan lo último del “poeta prodigio” Enrique Verástegui (Lima, 1950): Teoría de los cambios. En este libro de madurez, el poeta cercano a los sesenta años, reflexiona sobre la soledad y la necesidad de una vida apacible. Esta vida apacible no descarta el cuerpo y la sexualidad como medio para alcanzar la plenitud. Por ello la recurrencia a la imagen de la “rosa” a lo largo del libro. El conocimiento está asociado a la otredad, pues en “Epistemology by tv”, plantea que por medio del conocimiento físico del otro me conozco a sí mismo.

En el poema “Philosophy” plantea algo clave: “La filosofía profetiza felicidad a los hombres, pero el hombre vulgar sufre” (13). Aquí se desmitifica la noción del futuro atribuido al hombre en abstracto frente al hombre concreto del presente, común y corriente que padece los males y angustias metafísicas frente a lo incierto. En este verso el autor sintetiza la condición moderna del hombre, que es ambivalente, pues su mundo ideal es proyectado en un tiempo que no le pertenecerá y por otro, el desinterés por lo propiamente “humano”, pues hoy ¿a quién le interesa el arte, la filosofía, la literatura? El hombre del presente es vulgar porque su tiempo también lo es. Considero que este verso es uno de los mejores del libro e incluso posee cierta carga polémica.

Para el hablante lírico, vivir es florecer a nivel ético-individual, pero éste no niega a su vez, los viejos deseos de cambiar el orden, de cambiar políticamente el mundo. Las implicancias revolucionarias se fusionan con las gnósticas y místicas. Para el poeta la meditación es un acto clave, un valor en estos tiempos. Para el yo poético, solo el cambio permitirá trastocar el presente en futuro y el futuro en pasado…

Simplemente, se trata de un excelente libro. Imprescindible.

Elton Honores
Universidad San Ignacio de Loyola

Fuente: Iluminaciones
Foto cortesía de Juan Pablo Mejía

domingo, 2 de mayo de 2010

Grupo Literario Signos. Demolición de los reinos (Lima: Sol Negro Editores, 2010) por Paul Guillén

Tal y como habíamos adelantado en unos días estará saliendo de las prensas de Sol negro el nuevo libro del Grupo Literario Signos como adelanto publico una reseña que escribí sobre este nuevo libro titulado Demolición de los reinos:

Desde la Región Lambayeque este grupo literario se mantiene muy activo a través de su blog: http://grupoliterariosignos.blogspot.com/. El libro contiene cuatro poemarios titulados “Los últimos días de Caín” de José Abad Ascurra; “¿Dónde acaso es camino?” de Cromwell Castillo Cabrejos; “Abandono del hastío” de Ronald Calle Córdova y “Persistencia del alarido” de César Boyd Brenis. Imágenes apocalípticas, metafísicas, gnosticismo, presencia de la naturaleza unida a referencias de poesía maldita y trascendentalista: Baudelaire, Bukowski, Panero, Pessoa, Colinas, Gamoneda.

Esta es la segunda compilación de Signos. Valdría la pena reflexionar sobre la continuidad o las variaciones entre las dos muestras poéticas. En la primera muestra Signos 2006-2007 (Tiro de gracia editores, 2007) se recogieron los trabajos “Absolución de la noche” de José Abad Ascurra; “Agua / transfiguración o el sonido” de Cromwell Castillo Cabrejos; “Agonía compartida” de Ronald Calle Córdova y “Heterónimos frente al espejo” de César Boyd Brenis, todos los poemarios iban por una onda metafísica, existencial, apocalíptica y ajena a una poética coloquial, es decir, había un discurso más o menos homogéneo y parejo entre todos los poemarios. En esta primera muestra la sección que más destacaba era la de Castillo Cabrejos. En la segunda muestra (Sol negro, 2010) el discurso se mantiene y se reelabora con diferentes lecturas. Hay un cambio sustancial: el poemario que entrega Castillo Cabrejos “¿Dónde acaso es camino?” se instala dentro de lo coloquial e incluso varios poemas tienen carácter sentencioso. Los demás poemarios se mantienen acorde con la primera muestra poética y la sección que más destaca es “Los últimos días de Caín” de Abad Ascurra, el poeta ha extremado su repertorio y su angustia construye imágenes desbordantes y lacerantes.

Tal vez habría que analizar sección por sección: Abad como decíamos es el poeta que más ha extremado los logros de Signos en su segunda muestra poética. Su discurso dialoga con imágenes proféticas y bíblicas e incluso con la poesía de corte maldito desde una experiencia existencial. Aquí es decisiva, por ejemplo, la presencia de Leopoldo María Panero. Abad se inscribiría dentro de una tradición poética peruana esgrimida por Juan Ojeda y que abarca hasta Ernesto Zumarán y Chrystian Zegarra, por mencionar algunos nombres.

Como habíamos adelantado el libro de Castillo Cabrejos es el más diferente de la poética del grupo Signos, aunque el grupo ha tenido una reciente incorporación de nuevas voces con Ericka Madrid (Argentina), Hazzel Yen (México), Zoila Aguinaga (Perú) y Anita Ramos (Perú). ¿Dónde acaso es camino? se abre con una cita de Bukowski: “No era mi día. Ni mi semana, ni mes, ni mi año. / Ni mi vida. ¡Maldita sea!”. Se tratan de poemas irónicos sobre el amor, son zahirientes, ácidos, pero no resignados. Este coloquialismo es más sentencioso que cotidiano. Nos hace recordar algunos epigramas latinos e incluso poemas españoles en tono de adivinanza, acertijo o paradoja.

El tercer poemario “Abandono del hastío” de Calle Córdova es un solo poema en 23 estancias. Hay un cierto nietzscheanismo en sus versos: la condición igualitaria del creador y la criatura, y en otros pasajes la idea del hombre como creador de Dios. Se juega con las ideas de la cotidianidad, la locura y el silencio como salidas posibles. Es quizás el poeta más vallejiano de los cuatro, en realidad, los otros tres poetas tienen referentes distintos.

El último libro es “Persistencia del alarido” de Boyd Brenis, claramente es el más metapoético de los cuatro poemarios. Los primeros poemas se preguntan por las (im) posibilidades de transmisión del poema en tanto comunicación y en tanto percepción. Más adelante uno puede encontrar imágenes de naturaleza: bosques, aves que son metáforas de la escritura. También un poema sobre el ajedrez que continúa el juego cíclico de Omar Khayyam o Borges, reelaboración de mitos (Narciso) o un poema sobre la relación entre los sueños y el inconsciente.

Demolición de los reinos, es un libro que propone una estética grupal y eso es un gran mérito. Se trata de pensar en cierta dirección con los aportes individuales de cada integrante. Demolición de los reinos se constituye sin duda en uno de los mejores aportes de la poesía norteña y peruana, y continúa el legado de César Vallejo, Alcides Spelucín, Luis Valle Goicochea, Mario Florián, Marco Antonio Corcuera, Juan Ojeda, Juan Ramírez Ruiz, Róger Santiváñez o Javier Gálvez.

sábado, 1 de mayo de 2010

DOS FOTOGRAFÍAS DE LA PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN EL SALÓN HORA ZERO-BAR QUEIROLO

Mario Morquencho y Enrique Verástegui

Mario Morquencho y algunos amigos entre ellos Jorge Flores, Karina Valcárcel, Laura Rosales, Pierre Castro, Sandra Enciso. Fotografías de KV.

LA POESÍA COMO DESAFÍO A LA URBE. Presentación de Ciudadelirio (Sol negro editores, 2010) de Mario Morquencho por Jorge Hurtado*

Poeta Jorge Hurtado presentado Ciudadelirio de Mario Morquencho en el Chaska de Trujillo

En la poesía de Mario Morquencho, la ciudad no es un plan urbanístico, ni el sueño de una comunidad para vivir en un orden donde nadie pueda extraviarse. La ciudad a través de Ciudadelirio es un mapa laberíntico de emociones y visiones, una nueva geografía intima, esquizo, reinventada para formar parte de una nueva experiencia, a través no sólo de la visión contemplativa ni de la mera cotidianeidad, sino de fusionarse con la atmósfera del estallido, mezclar su piel con la piel de aquello que es tan fabuloso como un monstruo y que puede tragarnos y expulsarnos vacíos hacia un rincón de la noche. Y cuando este monstruo, este leviatán de infinitas paredes aparece con sus mandíbulas de cemento, aparece la poesía como única redentora para reconfigurar la ciudad y re ensamblar el caos, el humo, la desesperación, la violencia, el río por donde atraviesan los sueños de millones de personas en un paisaje poético.

¿Qué podría impulsar a un poeta a escribir sobre la ciudad? Hace casi cuarenta años, apareció un poemario que marco un hito importante en la poesía peruana, y además instauró una nueva voz en un escenario dominado por una literatura encerrada en sí misma. En los Extramuros del Mundo, el libro de Enrique Verástegui, apareció y la ciudad dejó de ser la misma. En la soledad de un nuevo territorio, el ser humano debe de trazar su mapa vital, sus rutas para sobrevivirse ante este mundo desconocido. Actitud totalmente ajena a adaptarse y seguir el ritmo impuesto por la tiranía de la rutina, dejarse llevar blandamente por la monotonía y el hastío de callejones que llevan a la desesperación y a la muerte. El impulso que lleva al poeta a fusionarse con la ciudad, de auto expulsarse una vez que se han sumergido en los miasmas de las márgenes y de los afectos inconexos, a reinventar cada paso que da contra el tráfico, el impulso no es otro que elegir entre las infinitas posibilidades de reafirmar un yo, es disolverse en la ciudad para recuperar ese yo perdido, el retorno a la voz primera antes de la contaminación de su espíritu. Es robarle de nuevo su espíritu al leviatán, a la urbe, para habitar de nuevo en ella, en lo terrible conociéndolo. La vuelta a la tuerca para sobrevivirse, esto también se encuentra en la poesía de Mario.

La poesía muchas veces es vocación, pero además es actitud. Es ingresar en la noche más oscura dentro del laberinto para asesinar al minotauro, buscamos desenfadadamente a la bestia para liberar el destino trágico de las visiones impecables, pero en la travesía nos percatamos que nos transformamos o somos nosotros el minotauro. Destino inexorable de aquel que se atreve a sortear los caminos de la poesía, de ese ir más allá de la palabra a través de ella. Así ingresa el yo poético de Ciudadelirio, atraviesa la ciudad en su versión más dura, atraviesa celdas, callejones sin salida, ríos de desesperanza, microbuses que llevan hacia la nada, ventanas que dan hacia uno mismo en la soledad más siniestra, edificios que navegan como barcos ebrios en el mediodía para luego verlos naufragar en plena medianoche, de encuentros que prometen un sueño que se desvanece al abrir las puertas de la habitación. El abismo en sus mil versiones. El hombre que descubre el desgarro, su propio desangrarse, pero que no da tregua a esa sensación de caminar constantemente en el filo de los precipicios, sino que lidia


“…con el humo
con la ciudad
con el cielo preñado de sótanos
donde jugamos
a vivir”

(La Ciudad, 11)


Así termina el primer poema del libro. Su invitación al inicio del viaje, como aquel viaje de Baudelaire donde expresa: “En desiertos de tedio, un oasis de horror!”. Pero por eso esta invitación no se queda en aquella primera visión iniciática ante el monstruo de la urbe, sino que nos coloca allí como cómplices, como compañeros de aquella experiencia vital de Ciudadelirio.

* Palabras leídas el 28 de abril de 2010, día de la presentación de Ciudadelirio de Mario Morquencho en el Chaska de Trujillo.

jueves, 29 de abril de 2010

LLEGAR A ESTE LIBRO ES SORPRENDER AL ABISMO (Y AL MUNDO) CON LA BOCA ABIERTA POR KARINA VALCÁRCEL

Ciudadelirio es el primer libro de poemas de Mario Morquencho, 80 páginas que contienen 30 poemas de versos largos y títulos a veces más largos todavía. Pero Ciudadelirio no sólo es un libro de poemas, como Mario Morquencho no sólo es un autor más. Ciudadelirio es un mapa que se despliega a medida de su lectura, que nos muestra rutas diferentes para conocer la ciudad, sentados desde la silla que Mario ha procurado para nosotros.

Conocí a Mario en el año 2006, en las reuniones del desaparecido o más bien travestido colectivo Heridita que en aquella época era integrado por 6 gatos. Yo estaba embarazadísima así que podríamos decir que eran seis gatos y medio.

Mario empezó publicando en soportes virtuales, en la misma página donde yo colgaba mis poemas de los veinte años, fue un chico de esta página quien llevó a Mario a mi casa y con el que me disputo el título de Augusto Ferrando, pero Mario en el fondo sabemos que yo te descubrí y a quien diga lo contrario lo espero a la salida del bar para agarrarnos a botellazos.

Esta iniciativa que Mario tuvo de poner en la web sus escritos es en esencia el primer paso al libro que ahora tenemos entre nuestras manos, es la decisión de compartir con el mundo su forma de percibir, interpretar y asimilar la vida. Es el reflejo del ansia por publicar y conocer a personas con las cuales sentirnos identificados, lo que me parece totalmente saludable además de necesario.

Cuarenta pasos más tarde estamos acá, presentando su primer libro.

(Seguir leyendo)

miércoles, 28 de abril de 2010

Olas de ají de colores: Amanecidas Violentas de Mundos de José Pancorvo por Salomón Valderrama

La idea de un regreso del inca no apareció de manera espontánea en la cultura andina. No se trató de una respuesta mecánica a la dominación colonial. En la memoria, previamente, se reconstruyó el pasado andino y se transformó para convertirlo en una alternativa al presente. Este es un rasgo distintivo de la utopía andina. La ciudad ideal no queda fuera de la historia o, remotamente, al inicio de los tiempos. Por el contrario, es un acontecimiento histórico. Ha existido. Tiene un nombre: el Tahuantinsuyo. Unos gobernantes: los incas. Una capital: el Cuzco. El contenido que guarda esta construcción ha sido cambiado para imaginar un reino sin hambre, sin explotación y donde los hombres andinos vuelvan a gobernar. El fin del desorden y de la oscuridad. Inca significa idea o principio ordenador.
En Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes
Alberto, Tito, Flores Galindo

no sé: / respóndeme / poesía
si no serán tus turbulencias
que en la noche hacen sol
y oscuridad al mediodía
Haroldo de Campos

Infame turba de nocturnas aves,
Gimiendo tristes y volando graves.
Luis de Góngora y Cogote


Amanecidas Violentas de Mundos (Sol Negro Editores, 2009) del poeta José Pancorvo nos sumerge o nos arroja al difícil equilibrio de la diversidad, poderosa, débil, a veces, asfixiante y que permite la sobrevivencia en su aceptación/imposición por colisión. La belleza fuerte choca, encalla y la natural es la que siempre sobrevive, latido sobre latido, respiración sobre respiración, shock sobre shock no se apaga en artificios. El fuego que se creía apagado de antiguos sentimientos, de cruces forzados crece. Guerrear en esta poética es aceptar lo icónico y consuetudinario para brillar también por otras riquezas y pobrezas culturales en conflicto. Estas canciones jóvenes, terribles, de guerra, otras veces, de burla, de rezo, de grito, de celebración, de híbrida respiración, parecen apuntalar en un sacrificio libre, donde el río Rímac, vivo, discurre manchado de sangre, de heces, parece gritar en secreto hacia otra tétrica traición: ¿Qué alcalde rey elevará este gran río en pos de un jardín? Pero aún así es encomienda, quipe de luz; lo más propincuo al sentido de ofrenda, de entrega de los dones. La riqueza, para este punto, Perú, del mundo, del verano, de las primaveras eternas y de ficción: su don de creación, de aparición en los mercados, en los bares, en los cuarteles militares, en las religiones; camino al paraíso perdido parece haber crecido uno recuperado, de mixtura, crepúsculo, ocaso, arco iris, tornasol, tornadosol, hay un opúsculo concreto en esta poesía en escala de arpas múltiples astrales en pos de fusión vital, hay un huayno secreto que congoja sumado a un huaylas de explosión perenne, el yaraví sólo se insinúa, la chicha se eleva en figura fuerte, extensa, que devasta, y cree en un nuevo siglo, natural, clásico, aquí mismo, de escuela musical, bajo un cielo ácido de muchos cielos, de muchos ojos que viajan divinos de sueños, de transformación con trabajo. Esto se ve en ‘Marche Royale’: más niñas y siglos aparecen: así sea en el Ucayali / o en el jirón Huallaga friendo / marchando hacia el esplendor así sea. Dones de transparentes, invisibles, de fantasmas que ya se ven, que no se tapan la cara como en ‘Los Andes’ de Sérvulo Gutiérrez, de vergüenza, por ser de una cultura pura, telúrica, o sin brazos, por la impotencia, por la desigualdad de refrito en ‘Mito de la mujer y el vuelo’ de Tilsa Tsuchiya, o Alberto Quintanilla, con sus diablos coloridos, en masacre, oscuros y pendejos; la fusión se aparea hacia la perfección. La segregación natural ata y desata toda clase de cabos, la historia se recita, se reaprende, se olvida, se reescribe. Recuerdo la canción ‘I am cholo’ de D’mente común (grupo de rock nacido en 1994): Cholo... / La sangre del Inca corre por mis venas / las místicas leyendas no quieres creer / entre los andes y el cielo pude crecer / y una falsa ilusión me trajo aquí / abandoné mis tierras por ambición / mis sueños se derrumban en la realidad / por el color de tu piel te crees más que yo / pero tú eres cholo igual que yo. ‘Triciclo Perú’ de Los Mojarras y el inmortal Cachuca (nacido en 1992): Triciclo con zapato un vaso de chicha un buen reloj / camisas chucherías de todo en las calles y en montón / persigna la primera venta las calles están repletas / empuja el triciclo ambulante llamado PERÚ. O ‘Destruir’, hacia ciudad asesina, ciudad delicia, de Narcosis (nacido en 1984): La ciudad se me echa encima / toda esta mierda me asfixia / tengo que destruirlos / antes que ellos me destruyan. // Hay que destruir, / para volver a construir / hay que destruir, / para volver a construir. Todos contra la Anarquía dulce, sumando libertad, no la de Carlos Oliva: un estado de ánimo tan bello / como una flor amarilla en la noche: Anarquía / tuve que elevarme sobre ese amanecer / y dar pasos tan bellos. Siempre sobre/entre colores/sabores perfectos. Esta poesía hierve disímiles condiciones porque es hija/aborto/esperpento de un proceso largo y por miopía, y estupidez, repetitivo. Apogeo sobre miseria apogeo, y otra vez, miseria: es el rastro pestilente de la política económica peruana. Ya en los años 60 Javier Heraud escribía en su poema ‘Dos preguntas’: ¿Por qué será que todavía existen / infelices que nos hablan de una Lima / señorial, antigua, colonial y bella? / ¿Por qué quedan todavía desgraciados / que anhelan sin cesar la ciudad de los Reyes, / las tapadas, los balcones, la alameda, / si de eso sólo queda un basural de hambre, / de miseria y de mentira? (Poesía completa, Peisa, 1997). Los mayores dones en esta poesía de Pancorvo se aquilatan en amaneceres, en despertares profundos y profusos, hacia el reinado de lo mestizo. Se aceptan todas las culturas y todas las creencias, es un reino abierto y siempre hay una posibilidad, y un guiño natural hacia la guerra por ver otros colores fuertes, impredecibles en el cielo obscuro. Sucede así con las culturas fuertes. Es el caso de todas las que se desarrollaron en este reino de misterio llamado Perú. El poemario está lleno de visiones en ejercicio constante, cruzadas que golpean, dan un puñetazo, latigazo, como en ‘Los funerales de Atahualpa’ de Luis Montero, donde el único indígena, cholo, mestizo es el Inca y todo lo demás de figuración europeizante; pero más cercano al libro de José Pancorvo sería la versión pop del mismo cuadro de Marcel Velaochaga, donde aparecen: Abimael Guzmán, puño en alto, en pro de una reivindicación errática por modo, a Francisco Pizarro con oficiales del Ejército como piezas de un mapa fantasma, a Benedicto XVI, que bendice con una mano y con la otra cuelga la cabeza del ya cadáver Che Guevara, entre marines norteamericanos que fuerzan a los desconsolados indígenas fundidos con manifestantes obreros y un campesino escapado de los dibujos de Guamán Poma de Ayala: todo como historia fantasmagórica, de payasada, de la independencia del Perú.

En Canciones a La Eternidad Violenta, primera parte del poemario, aparece un despertar en la gloria de los locos bañados por el fuego que alumbra las amanecidas vivificantes y esplendorosas: solamente / de / madrugada / de Armas / solamente / de / tambaleo // me despierto levanto / como un mantarraya amarillo en la ola // por la Fuente me tambaleo / me tambaleo solamente / solamente en la Plaza de Armas (‘Plaza De Armas 360° En Tu Luz Perfectísima’). Recordemos que la Plaza de Armas, el Centro de Lima, ha sido tomado por el mestizaje, por la cultura chicha, por la riqueza que en ésta se eleva (el camino de Miguel Ildefonso que más me gusta), y que no fue fácil, por eso el poeta dice: mi tambaleo fue forzoso / violento / quebrantador (…) // cuando pude amanecer / ya se ponía el sol / y me salió otra razón (‘Canción De La Escalera Violenta’). La migración produjo fuerzas ahora incontenibles. Si al principio pareció que éstas invadían la llamada capital y su inocente serenidad que provocaba y aún provoca, porque nada se hace pensando en el futuro, vergüenza y rabia; hoy estas fuerzas de la migración están proyectadas hacia el mundo, de exportación cultural, por eso en ‘Canción De La Botella Violenta’ se dice: asaltamos el bar / asaltamos a las trabajadoras / asaltamos el mercado recién abierto / asaltamos el municipio y la casa de gobierno // asaltamos varias casas de gobierno / y los cuarteles subterráneos de las grandes potencias / nos adueñamos de los sistemas y de los antisistemas / y de los universos conocidos y desconocidos / y de miles de otras botellas rarísimas. El poeta vislumbra lo que le espera a esta gran cultura que trataron de borrar, de desaparecer. Pero allí están radiantes: César Vallejo, José María Arguedas, Alejandro Peralta (el que engrana máquinas, combustible y soledad en Ande y El Kollao), Gamaliel Churata, Alejandro Romualdo (el del poema que provocó que se compusiera ‘Canto Coral a Túpac Amaru’ por Edgar Valcárcel y el de Ni pan ni circo), Juan Ojeda y Óscar Colchado Lucio (el de Rosa Wanca, Lorenzo Taipe, Liborio y Wayra en Rosa Cuchillo y el de los cuentos mágicos en las aventuras de Cholito).

En la segunda parte, Estados Unimismados, ya no es la acción sino la intimidad que emerge, que crea hacia la permanencia, la continuidad de la cultura, así dice el poema ‘Com Poetría Entre El Sol e La Foja’: eternidad a flotar entre el sol y la página // la toda momento hasta espejo / la toda color hasta espejo / la toda escalera hasta espejo / la toda sortija hasta espejo / de haber durante parque el hambre luz // y en la sombra de las manos los siglos espejo / la todo espejo a la página. Se refracta lo aprendido, en la página en blanco se graba, se esculpe su belleza y bondades. Amanecidas Reaccionarias, Satánicas, Vulgares, Hieráticas y Mundiales, la tercera parte, nos fija, nos establece, nos reestablece lo comunicado en el principio, se alargan las notas, su naturaleza se funda en las culturas que estuvieron ocultas, pero que ahora enriquecen otras potestades, se habla de la mecánica de las facultades hacia la industrialización, tecnología de punta, y un boicot latente perenne en ‘Vulgo Cristalino’: los monstruos invisibles chinean a través / de la composición de los músculos y órganos / y manyan perfectamente cada músculo / cada hueso y cada jugo // y en la Avenida Brasil pueden ver el proceso / del helado de vainilla y los barquillos / en el esófago etc etc // los monstruos invisibles / saben que todo alude a otra cosa / y se atormentan oscureciendo la Av. Brasil / y cranean una lenta venganza / contra los humanitos recién bautizados. La riqueza, las señales de poder y el juego van de la mano; los poemas se parecen a un fardo andino por los ricos y diversos colores, ‘Vulgo Velocísimo’: sueño que soy un camarón / plomo pero // de madrugada de pronto / navegando en la mesa veo tu pronto / Desaparecer / y te escribo este correo. Estas señales también sugieren otros gobiernos, otros ejércitos, otro tipo de controles de riquezas, de nuevas riquezas reflejadas: se sacuden estatuas jurídicas y en el teatrín de la duda / los intestinos hacen jeroglíficos en el satín del hidrógeno / y predica el sarcófago feliz como robot / de ropaje tibetano cúrcuma y páprika sobre aguas / gaseosas melódicas que juegan con cráneos / e iguanas y escarabajos errantes al azar (‘Cambio De Piel Mundial: Primer Día’). Es la realización de la nueva urbehibris lanzada hacia el futuro.

En la parte final, Amanecidas Del Imperator Inca Rey En La Plaza De Armas De La Ciudad De Los Reyes, se da la culminación, la coronación del gran rastro, de la cultura que ha sobrevivido toda clase de padeceres en su transcurrir histórico a galope nocturno (en burro, como arlequín en burro). Pero no se habla, no se canta a un único sino a muchos, al común, que es heredero de este proceso histórico, hoy en éxtasis por creación. Es la coronación de un pueblo, de un reino, de un reino esplendoroso del color (alusión de Antonio Cisneros a la obra de Enrique Polanco), de un sentir, del que ya nos hablaba Manuel González Prada hace más de un siglo. Es una ‘Marche Royale’: la gran estrella serpiente así sea / entre Sicuani y Jauja moviéndose / copa o corona lo non pagava // casi nadando saca / la lengua sobre el ají y cae la chicha / rígida sobre las calabazas Huanca // e a maravilla lo han / los niños la vinieron a recoger estrella así sea / llena del buen loor de la mansa tierra saciada // más niñas y siglos aparecen: así sea en el Ucayali / o en el jirón Huallaga friendo / marchando hacia el esplendor así sea.

No todos fueron ignorantes, felizmente, no todos fueron estúpidos; allí están: Enrique López Albújar (el de ‘Ushanan Jampi’ en Cuentos Andinos y Matalaché), José Carlos Mariátegui, Abraham Valdelomar y Miguel Gutiérrez (el de Sacramento Chira, El Conchal y Sansón Carrasco en La violencia del tiempo y La generación del 50: un mundo dividido). Y más cometa ají.


Vox profundamente en lince.

martes, 27 de abril de 2010

MIÉRCOLES 28: PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN EL CHASKA DE TRUJILLO

POESÍA DE MIÉRCOLES

-RECITAL POÉTICO

ROBERT JARA
MARTÍN BRINGAS
MARIO MORQUENCHO


-PRESENTACIÓN DEL POEMARIO
"CIUDADELIRIO"

lunes, 26 de abril de 2010

CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO: LA BRÚJULA DE LOS MURCIÉLAGOS POR TULIO MORA

Mario Morquencho (piurano, de 28 años) es un caso atípico porque estudia una carrera científica en la UNI y escribe poesía. Los hay sin duda (Armando Arteaga, por ejemplo, es arquitecto), pero eso no invalida la primera sorpresa sobre su predisposición creadora. La segunda es que sus poemas de “Ciudadelirio”, publicado por Sol Negro, no están invadidos de lo que podríamos llamar una “deformación profesional”, como resultado de la influencia de su carrera, sino que fluyen más bien con el instinto de los sentidos. Desde el primer poema, “Ciudad”, que él concibe más bien desde la perspectiva de los cerros (o sea desde la periferia) que rodean la metrópoli, ya alude a “palabras-murciélago”, es decir al animal ciego que sólo puede orientarse por el sonido que emite un radar, para deambular por los dos lados de un solo mundo -la ciudad- y escribir sobre el inevitable contraste, aunque para ello recurre más bien a la imagen, al registro visual como un cronista que quisiera reproducir los más insólitos detalles de un lugar que le ocasiona el delirio, el frenesí y contra los cuales no puede combatir, solo testimoniar.

Me interesa el neologismo polisémico “ciudadelirio” porque encuentro en él hasta tres significados: el más obvio, que estamos frente a un texto-testimonio sobre la megaurbe (la crítica colombiana Consuelo Hernández menciona que la poesía latinoamericana casi inevitablemente es una escritura de la experiencia), sobre la que declara que aún no se acostumbra a ella (Morquencho vive en Lima desde hace cuatro años); el segundo, que intenta encontrar una hoja de ruta catártica frente al caos visual, al inmovilismo, a la indiferenciación de los rostros robotizados, automatizados, en un ensimismamiento que paradójicamente, a la vez que los reúne en una masa sin forma, es también un ajenamiento, una extrañeza y entonces el protocolo de la relación entre extraños y privados nace de la desconfianza.

Pero el tercero suma un elemento geográfico (el río), estamos hablando del Rímac, claro está, como otro símbolo de la bipartición espacial. Precisamente uno de sus poemas lleva ese título y lo que le sorprende, a un hombre habituado a la extensión inabarcable del mar, es que, como la ciudad que el río atraviesa, estamos ante un afluente que ni siquiera resiste la muerte: “¿Suicidarse desde allí? (se refiere al puente) -¡ni loco!”- y que si hubiera peces en esas aguas sufrirían cadena perpetua. Para Morquencho, otro hijo de Vallejo, este río “nos aborta/ hacia el vómito infinito/ de Dios”.

Un texto que ha optado por la regurgitación de la experiencia, por la expulsión orgánica de lo que asimila diariamente a través de los sentidos, no facilita a un lector clásico que quiere encontrar en la poesía la polémica belleza, sino más bien la empatía por lo atroz, por el horror y por lo grotesco. En buena cuenta los poemas de Morquencho podrían calificarse como un recorrido por la feria de la miseria que nos ha paralizado a los habitantes de Lima (me remito al poema “Stop”) y de la que solo quisiera dejar como testimonio la palabra.

Derek Walcott, ese poeta caribeño extraordinario, escribe en alguna parte de “Omeros” que los in-significantes, los invisibilizados por el poder y las asimetrías sociales, no tienen memoria de su pasado y si la tienen está deformada por la historia oficial. Por eso mismo, sus emisores asumen la escritura como un deber (digamos con la misma actitud ética, casi desesperada, de un Huamán Poma de Ayala) para capturar la escritura y convertirla en el instrumento de su testimonio (Morquencho compara a la poesía como un grafitti en una pared) en su tránsito no muy confortable por la vida.

Es lo que ha hecho este poeta que tiene en la primera parte de “Ciudadelirio” varios poemas de una factura muy consistente, como “La siete tres” (el número de un vehículo de una línea de transporte público) a través de cuyas ventanas recorporiza esos rostros sin rostro “que llevan una ecografía de día lunes”; o “Cine”, un apunte muy breve, pero logrado, que a partir del detalle menos visible (los créditos de una película) logra extraer un mensaje filosófico, “como la vida que despierta/ y la otra que se duerme/ junto a la ventana cerrada a la fantasía”; o como su versión premeditadamente caótica de la memoria histórica que le suscita el famoso Parque Universitario, escenario ya clásico en la nueva poesía peruana, desde la conquista española hasta el fenómeno de la migración, del que Morquencho se siente uno más entre provincianos y que para distanciarse de esa uniformidad -en la pobreza, en la frustración- regresa a “resucitar” a su habitación.

El más notable es sin duda el poema en prosa “Asesinato en la calle Omicrón” que comienza explícitamente con el reconocimiento de no ser nada: “Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera”. En este caso, ya extremo, la palabra-murciélago es un cuchillo y el asesinato un alegato contra todo el sistema que ha convertido a la vida en “una enfermedad extraña que se llama olvido”.

Creo que si Morquencho sigue esta ruta podría depararnos gratas sorpresas en otras publicaciones. “Ciudadelirio” aporta también en esta nueva poética que se inició en los 70 cuando el registro multitonal sobre la ciudad despertó a los satisfechos y silenciosos, a los orfebres de una belleza que no exteriorizaba a los nuevos sujetos sociales que iban poblando Lima y todo el país. Pero no hay una sola belleza, eso es lo que Morquencho vuelve a ratificarnos, como los poetas que lo preceden, desde Hora Zero, Kloaka, Neón, hasta los más jóvenes de este siglo. Lo que hay es una geografía brumosa e incierta por la que el poeta avanza con la brújula de los murciélagos.

martes, 20 de abril de 2010

La mente reposa, se disloca y se tranquiliza ebria: Teoría de los cambios de Enrique Verástegui por Salomón Valderrama

La materia es dura, / la materia es indestructible: / por lo tanto / la materia es incomprensiva, / la materia / es cruel.
‘La cabeza contra el muro: Conclusión filosófica moral’, en Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas, 1969).
Roque Dalton

Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática; experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos. (…) Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.
‘Método de composición’: Hacia El cuervo, símbolo del recuerdo fúnebre y eterno.
Edgar Allan Poe


Después del conocimiento parece que la mente reposa, se disloca y se tranquiliza ebria. Parece ceremonial su gran quehacer. Porque la mente arguye la revolución en élla se erige por su saber que inevitable libera, empieza a perfumar otros sonidos, otras formas, otros métodos. La mente en su equilibrio de humanidad regala salidas, fugas rápidas, instantáneas al hombre preparado, puro para recepcionar un nuevo sentido catapultado, un nuevo saber trazado en las cuerdas, en los latidos luminosos del hombre libre que las pergeña como grandes huellas delicadas hasta su propio peligro. El creer, el licor, la ebriedad de creer en lo trazado propio. En la locura propia. Pero bañada, ebria de hermosura: en la cuestión de fe. Más allá de lo planificado, más allá de lo medido en la pre-claridad. Lo dicho en signo atrapado parece escaparse y estar vivo como un fuego secreto que se acrecienta con cada lectura. El signo arde, su poder parece siniestro pero perfuma, quiere hablar de música lejana, se divierte, le preocupa al gran amigo prisionero del mundo. La serenidad evidente del poeta nos engaña porque él eleva, construye, causa la revolución. Ese delicado aroma del limonero nos sobrecoge en revelación: El azahar perfuma intensamente el universo (‘Sobre La Revolución’).

Hay dos clases de cantos, los que predicen lo que aún no ha llegado y parecen levantar un siglo futuro, encontrando el nuevo quehacer del hombre vulgar. Hay otros menos arriesgados que le cantan a la filosofía que pasó con el árbol frondoso de las frutas que ya maduras brillan o podridas se precipitan en búsqueda de los suelos, formando parte de la diversidad del mundo. Los dones fabulosos que nos enfrentan solitarios. Una mente que clasifica mentes: que desata una hacia la felicidad. La filosofía profetiza felicidad a los hombres, / pero el hombre vulgar sufre. (‘Philosophy’).

El hombre y su invención intenta, es su juego, aliviar el destino del hombre, otorgarles facultades y potencial para realizar deseos y poder caminar redondo, perfecto, exuberante como el mundo. En la flor de fuego y de agua, de contradicción, de hermosura. Renovando o combatiendo la poderosa obscuridad, perfeccionando la luz y el día: Todo −lógica, matemáticas, ciencia- es tu cuerpo, / esa razón práctica de Kant, que Hegel, / en nombre del Estado, contradice. / El Estado es superfluo, y Hegel un patán. / El imperativo categórico es orgasmo, es felicidad (‘Philosophy’). Contradicción que nos eleva y deforma provocando la risa sublimizada, la más peligrosa risa, tal lo discernía Emilio Adolfo Westphalen: −yo propondría colocar una bella reproducción fotográfica del número 69, en lugar de la imagen del Corazón de Jesús, en todos los hogares, como ejemplo gráfico de la superación dialéctica de la contradicción lógica− sonríen al recordar las leyes de la naturaleza que les enseñaron en la escuela y sonríen también al recordar la mirada mucosa, que realmente parecía salir más bien de la nariz y no de los ojos, del cura que agitaba sus orejas de elefante oyéndoles acusarse tímidamente de «malos pensamientos». ‘Detrás del telón’, en Cuál es la risa (Editorial Auqui, Barcelona, 1989, imprenta artesanal de Vladimir Herrera); edición no consentida por el autor.

Se asocia la perfección verso con verso apareado, el poema se cruza de sabiduría que embelleció instantáneamente; la belleza del uno se reparte, se multiplica en la belleza de la amada, de las delicias de la vida. El Bosco es producido para asociar muchas artes que en la mente se trazan haciendo El jardín de las delicias, pero no ése, de la tortura en el poder de los sentidos, en este jardín se ceremonia una alegría en equilibrio para evitar la desesperación: se habla de la juventud, de la rebeldía que en ésta se eleva pájaro deformado en constelación, como una purificación del mundo, se asocia juventud con libertad sagrada, un ensayo para reportar la vida adulta, grave, mayor, parece que la consolidación de algún pensamiento también es condena porque se convierte en imposición, por su capacidad invasiva y por lo tanto llena de poder. Para la juventud es no-verdad, atrevimiento, tiene que ver con el espíritu colorido, poderoso, amenazante, bañado de final, de féretro se descuelga: Cabalgar en campo traviesa con una espada / desenvainada / parece ser un ejercicio de juventud. (‘II, Epistemology by Tv’). Al mismo tiempo se habla de una contra juventud en el sentido de ensayar para aprender. El joven es impulso, grito, brío y muchas veces, como dice el poeta: comete errores siempre. Es el precio de la juventud, pero sin élla no hay maravilla, no hay resquicio alucinante, no hay viaje. En este punto, alejarse de la juventud es morir. El poeta Enrique Verástegui, acepta esto y brilla por joven, en plenitud, resplandece, cambia de color, levita, ensaya un sacrificio angelical que siembra conocimiento cuya imagen proyecta peligros, peligros en el sentido de creación. Se elevan los fantasmas, se materializan en monstruosidades, deformaciones que perfeccionan el mundo. Y que hacen devotos sí, de la libertad, de la soledad, del poeta. Porque el genio es un loco, es un dios cuya fuerte imagen se funda en la soledad del delirio, explosión floral: Déjenme así extraño y solitario. / Oh por favor déjenme florecer. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’).

La imagen del poeta se renueva constantemente, la vitalidad lo persigue, porque es joven (otra vez) se revela y crea lo extraño, lo fantástico: Paso mis tardes de domingo / leyendo a Sologuren. / El está viejo y yo soy joven aún. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Dice en el sentido reposado, calmado, sin embargo dice viejo del poeta pensador Javier Sologuren, en relación al poeta caminante rebelde, fresco, con el arma desenfundada, dispuesto a matar o a orinar, con las axilas sucias, niño, que atrevido se arriesga fulminante, fruición, en Monte de Goce (o libro del pecado) (Jaime Campodónico Editor, Lima, 1991), libro de la exacerbación sexual. A decir del poeta Paul Guillén: en el caso de Enrique Verástegui y otros integrantes de Hora zero como Juan Ramírez Ruiz (Vida perpetua, 1978) o José Cerna (Ruda, 1998)− se presta más importancia a la composición espacial, descendiente de Mallarmé, Apollinaire o los concretistas brasileños, pero, sobre todo, con mayor influencia del estructuralismo y la aplicación de las matemáticas a la poesía (llamada “poesía combinatoria”). Es así como este procedimiento se amolda al concepto de Roland Barthes sobre el rol decisivo del lector como modelizador de lectura-escritura, es decir, como un autor potencial, siguiendo la premisa de Lautréamont de que la poesía debe ser hecha por todos, no por uno (recordemos la famosa premisa barthesiana: el comienzo de la escritura es la muerte del autor). Otro aspecto, que nos interesaría remarcar es que el concepto de reescritura propuesto por Barthes se encuentra interrelacionado a una práctica barroca, en el sentido de la repetición, el exceso, el detalle, el fragmento, la inestabilidad, la metamorfosis, el desorden, el caos, la complejidad, la disolución, la distorsión. (‘Lo a-natural y lo perverso en Monte de Goce de Enrique Verástegui’. Casa de citas, número 4. Lima, 2007).

Se experimenta la contradicción al límite, es evidente y hace rica a esta poesía iniciada con En los extramuros del mundo (Carlos Milla Batres Editores, Lima, 1971), que se corresponde con la vida, con la presencia múltiple del hombre. El poeta sabe de los ensayos de la filosofía y su cinética constante, en su perfeccionamiento como lo vislumbra Alejo Carpentier, hacia la mayor riqueza americana: Hay todavía demasiados “adolescentes que hallan placer en violar los cadáveres de hermosas mujeres recién muertas” (Lautréamont), sin advertir que lo maravilloso estaría en violarlas vivas. Pero es que muchos se olvidan, con disfrazarse de magos a poco costo, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro) de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”. ‘De lo real maravilloso americano’, en Tientos y diferencias (Editorial Arca, Montevideo, 1967). El poeta sabe que toda explicación es atrasada por otra que luego, a su vez, se olvida, y por eso dice: ¿Cuándo brotará una mente genial que explique el mundo, / Analizando el pecado como quien desarma un / automóvil, / Participe en la redención para liberar a su pueblo, / Y penetre en la virtud para armonizar / Mente, cuerpo, y espíritu / En el capítulo del conocimiento? (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Le reclama a la ciencia, el avance físico materializable del hombre, su atraso, ya que élla es lenta en relación a las dificultades del mundo. Ya que cuando se cura un problema, una enfermedad, siempre hay otra que se levanta o la misma que muta o también se perfecciona (círculo, círculo, sueño, esfera, esfera, otros sonidos levantan). Parece un circuito eterno. Pero la vida es una y es corta, entonces dice: Cada día me deterioro más / La ciencia, en pañales todavía, / No vino en mi apoyo. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). No obstante, el poeta cree en élla y por eso le reclama, y a pesar de la creencia, la ciencia alivia aunque sea con un adormecimiento, en pos de entretener con una alucinación o tres. Va más allá el poeta, quiere con la mente, que la muerte sea finalmente vencida y el arte glorificado: ¿Cuántos siglos deberán pasar todavía / Antes de que la muerte sea finalmente vencida, / Y mis obras glorificadas? (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Habla de la vida, de las flores, de poder ver la belleza, recepcionar su visión primaveral, hay que ver la poesía, leer la poesía: sorpresa perenne dentro de la rosa del día (Oquendo de Amat dixit). Tienes que saber amar las flores / Antes de cerrar este libro para siempre. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’).

El poeta habla en nombre de todos, sumido en el principio de la vida, su misterio, su final, que se yergue en sonido sobre sonido detenido en el tiempo, como espasmo maravilloso. El movimiento, la revolución del mundo está en el jardín, hay un silencio extenso que ensaya perfección como en los antiguos haikus, que permiten escuchar y develar algún enigma o secreto. He allí, al decir del poeta, que ha traducido un manuscrito encontrado en una biblioteca de New York, de un matemático chino del siglo XIII llamado Ch’in Chiu-Shao, introductor del cero. Siguiendo otra línea de misterio, y es que puede ser cualquiera, alejado de los mayas (o no tanto por el Teorema de Yu y el círculo del año). Hechos que lo relacionan al maestro tapiador y encontrador de libros, Jorge Luis Borges.

Nada produce más que un rosal. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Hay un niño grandioso que juega, se esconde, en su inocencia respira, por todos, purifica el aire, la materia. Cree en los libros dorados, bebe de ellos. Su culpa es sentir la pureza, hacerla alguna esfera: florecer de redondamientos. La fe se eleva. El poeta crea porque cree en la renovación del mundo, en su perfeccionamiento floral, su perfume delicado de azahar. Teoría de los cambios es un sueño creado, una posibilidad materializable. La belleza es su motivo, su fundamento, rezo que colorea el pecado del invierno, del verano: Sobre mi cabeza flota la luna. (‘Teoría de los cambios’). La noche es el pensamiento que resplandece en espejo, porque la ven desnuda y delicada, peligrosísima, por las guerras en que se ha envuelto para ser libre. En la búsqueda de la equidad de la distribución de la riqueza. Pero todo está en movimiento y los estratos sociales también se intercambian, mediante saltos (‘Centro’: el principio de cambio permanece). Proyecto sobre nuevo proyecto la locura también escala: son otras rutas sus líos, sus ríos de poesía. Las sentencias, las afirmaciones se atraen entre ellas; las contradicciones hacen la luz que las salvan (acertarás cuando leas poesía. Se dice en ‘Poesía para señoritas’).

El poeta ha bebido el agua cristalina de la poesía, está ebrio de poesía negra y así canta y así sufre, traza una elegía para la abolición de la muerte. Para refrescar la mente, el corazón golpeado. Cree, otra vez y otra vez, limpia el cielo, dice: América despierta. A pesar de la incógnita, a pesar de que no controle nada y que el equilibrio del universo se da en lo que aún no se a descubierto. Las leyes fantasmas hacen el equilibrio del mundo, siempre viejo, siempre nuevo. Vivo. El poeta vuela, alcanzando la cumbre en una flor (‘Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Todas las flores, hasta las cosas oscuras. América una, indescifrable, inmaterial (‘VII, Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Una gota de rocío es un océano (‘IX, Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Todo se equilibra en la mente, un sonido extraño trazado abre otro universo: Esta bendición se ha producido y la sanación también. (‘Bendiciones Místicas’). El poeta es libre y liberado se relaciona con algún otro en el gran poema del mundo, múltiple, de sesgo, de reducción, a lo mínimo, hacia los secretos, está en todos los tiempos: Traspasa la montaña hacia la luz.

La visión del poeta se eleva en distingo finísimo sobre todas las cosas. Enrique Verástegui con Teoría de los cambios (Sol negro/Cascahuesos Editores, 2009) vuelve a demostrar que es el poeta mayor de Hora zero, junto a Juan Ramírez Ruiz. Confirmando, además, que el movimiento Hora Zero es el más grande y más ambicioso y más diverso de la literatura peruana, junto al Grupo Norte. Hechos que algunos venenosos, ridículos y verdaderos atrasados tratan de menguar por ser su acción hecha por brillantes mestizos, cholos, negros y blancos que a punta de picota labran cultura y poesía viva. A veces poesía sucia, inaceptable, brillante, enferma, peligrosa, radiactiva, radiante, contranatura, contratodo.

DOS POEMAS DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO

Nuestro amigo y poeta Juan Carlos de la Fuente Umetsu ha publicado en su blog Noticias del interior dos poemas de Ciudadelirio de Mario Morquencho como adelanto de la presentación de este jueves 22 en el Salón Hora Zero (Bar Queirolo – Centro de de Lima), 7:30 p.m.

DOS POEMAS DE CIUDADELIRIO


LA SIETE TRES

Aquí hay rostros de todos los colores,
rostros de princesas sin príncipe,
de sirenas en un plato de mariscos,
de niños tristes y gomitas de dulce,
de góticos y siniestros laberintos azules,
rostros con labios de secretaria a minifalda
con senos y glúteos que desbordan
altísimos niveles de morbo,
rostros de viejas gordas y gruñonas,
de obesos sudorosos y calvos,
de bigotones, dormilones y viejos verdes,
rostros con ojos de fábrica,
con ojos de obrero mal pagado,
rostros de “periódico chicha”,
de edificios sucios e inhabitables,
de azoteas poco confiables e inaccesibles
de casas a medio construir y aún más invisibles,
rostros de publicidad barata en todos los rincones,
de un graffiti clandestino,
rostros que llevan una ecografía de día lunes,
rostros que putean a cualquier cosa,
rostros que tienen rasgo de papel cansado,
rostros de paisajes y planetas perdidos,
rostros presurosos por llegar a cualquier destino,
rostro de plazuelas fugaces, de óvalos jorobados,
de by pass rumiantes y vía expresa inacabable,
rostros de ventana de emergencia,
de boleto de pasaje arrugado en el bolsillo,
de chulío tramposo, de chofer nervioso,
de calcomanía sin sentido, de carteles de protesta,
de “Vamos a la huelga”, de “No al paro”, de “Sí a todo”,
rostros de postes tísicos y enfermos,
de semáforo indeciso, de señales sin destino,
de paraderos repletos de impuntualidades mutuas,
rostros para colgar estrellas,
para descolgar cometas,
para dibujar otra cosa que no sea un rostro,
rostros que se olvidan, que no se nombran
o no tienen descripción,
rostro de todos, con escenas rutinarias y repetitivas,
decadentes e irónicas,
de películas viejas y en estreno,
de lunes, martes, lunes, miércoles,
jueves, lunes, viernes, sábado
y domingo al fin tu rostro,
el mío, el de ellos,
el de todos.


ASESINATO EN LA CALLE OMICRÓN

Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera. De ir a trabajar un día como hoy, de estar afeitado y tener el cabello recortado, con el rostro impecable, el piqué y el pantalón de color azul pulcros y planchados, los zapatos negros brillantes como un charco que la lluvia ha creado en mis pies… y nunca olvidarme del fotocheck con mis 26 años encima y la cara de loco olvidado en la maquinaria cotidiana de las horas de ser un empleado con el sueldo mínimo.

Me he vengado de abrir la puerta y bajar las escaleras a las 7 y 30 de la mañana, de lunes a viernes, bajar las escaleras de fierro y en espiral todos los días sin tropezar siquiera porque salgo a las justas. Me he vengado de subir al bus de la rutina, del diario matutino, del noticiero de las 6 de la mañana, del gallo que sobrevive como un reloj en la azotea, del café con leche y la carretilla de la esquina.

Lo he matado con el cuchillo con que corto el pan y lo unto con mantequilla.
¡En mis manos sangra cotidiano! La epilepsia, la agonía, la sangre por la boca, los ojos que se alejan de ser ojos, el rostro que se aleja de ser rostro.
¡Lo he matado, estoy seguro!

Me he cansado de ver su rostro, de ver los restos inmóviles, la incertidumbre de la muerte y el crimen. He optado por envolverlo con los periódicos pasados, envolver los restos, al cadáver cotidiano envolverlo con las noticias de la semana pasada, con el suicidio de ayer en un hostal perdido en la bruma de la madrugada en Lima, envolver sus extremidades con el abuso policial y la corrupción de los ministerios y el puto sistema capitalista, envolver su dorso con las estadísticas económicas y las encuestas políticas, volverlo a envolver con la injusticia social, con los jubilados que mueren haciendo cola, con los enfermos y los niños que lo único que tienen en la vida es una enfermedad extraña que se llama olvido, con los jueces que se hacen ricos y los clérigos prostituyendo el paraíso. Los buenos son pocos y contaditos.

Después de envolver al cuerpo como una estatua de papel periódico, como una obra de arte de lo que lees antes de ir al trabajo o lo que ves en las noches antes de dormir, bien envuelto todo, cada uno de los cabellos, las uñas, los bellos sombríos, envuelto el reloj y la alarma, el tatuaje en el hombro, la cicatriz de la rodilla, los pies, los caminos, la lagartija que le sale del sueño envuelto como un regalo y todo desaparecerlo dentro de una gran bolsa de plástico negra, canjearlo por una nube, por un día sólo conmigo mismo…
Lo he matado, sí
¡Lo he matado!
¡Lo he matado!

El cuchillo en la mesa viste bermejo
y baila tango…baila tango el muy pendejo.

viernes, 16 de abril de 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO (SOL NEGRO EDITORES, 2010)

Presentación del libro
Día: Jueves 22 de abril
Lugar: Salón Hora Zero (Queirolo del Centro de Lima)
Hora: 7:30 p.m.
Presentadores: Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel

La obra
A veces los poetas olvidamos que la realidad es parte vital de la ilusión. Mario no, él contempla y luego sabe, transforma en conocimiento lo observado, lo registra en versos que nos golpean el rostro y que luego nos consuelan. Nos muestra la ciudad en un tour humano donde las veredas dejan de ser asfalto para convertirse en piel. Lima, la gris y terrible Lima, puede difuminarse hasta el blanco más puro u oscurecerse al vacío total.
Ciudadelirio es la reflexión del que ve en las calles mucho más que peatones, restaurantes y jardines. Es ver el cielo preñado de sótanos, rostros que tienen rasgo de papel cansado, la mente convertida en un globo, el equilibrio de la nostalgia muy bien logrado (Karina Valcárcel).

El autor
Mario Morquencho (Los Órganos-Piura, 1982). Empezó a escribir sin darse cuenta durante una época depresiva de su vida. Radica en Lima desde el año 2006. Formó parte del desaparecido colectivo Heridita. Ha participado en distintas ferias y recitales de poesía. Actualmente integra el colectivo Cadáver Exquisito. Renunció a su trabajo para poder publicar este libro. Aún no se acostumbra a la ciudad.

martes, 13 de abril de 2010

Amanecidas violentas de mundos: por los mundos de José Pancorvo… "porque todos los mundos son espejos” por Gustavo Reátegui Oliva

En este su quinto libro integral José Pancorvo el gran poeta del s xxi peruano; y mundial, crea y revela otro mundo en el que se sienten muy bien integradas todas sus otras poéticas, sus otros estilos, sus otras voces, otros yoes, un yosotros orbis y atemporal signado y transido de una cualidad supratemporal: mística. Dividido en 4 partes como cánticos a las 4 direcciones del ser el poemario se divide en Canciones a la Eternidad Violenta, Estados Unimismados, Amanecidas Reaccionarias, Satánicas, Vulgares, Hieráticas y Mundiales y se cierra o se abre según se vea con las Amanecidas Del Imperator Inca Rey En La Plaza De Armas De La Ciudad De Los Reyes. Un total de 68 poemas alucinantes por decir lo menos.

En estas Amanecidas Violentas de mundos (Lima: Sol negro editores, 2009) se ha mixtificado en grande: el vate propone una época de advenimiento de lo sublime, espiritual y verdaderamente beneficioso para el ser, la tradición sincrética originaria-occidental es abordada desde un limpio humor; echando mano de monstruos, ángeles, dioses homologados, contraditios de lo políticamente correcto, oráculos, espejos, dobles, voces surrealizantes y hábitos de vanguardia, apoyado en mitos; el poeta va desenrollando un mundo de atmósfera punk rock con fugas de huayno en griego, aymara, francés o quechua.

martes, 6 de abril de 2010

Amanecidas violentas de mundos de José Pancorvo y el prestigio de lo místico por David Abanto Aragón

porque un verdadero poema es
un peligro
mortal

José Pancorvo, Amanecida Violenta Decidida

La hazaña creadora de José Pancorvo (Lima, 1952) que nos presenta Amanecidas violentas de mundos (Sol Negro editores, 2009) se sostiene en un eje que atraviesa toda la obra poética publicada del poeta. Este eje se asienta, como ya lo ha señalado Ricardo González Vigil, en la magistral síntesis que logra entre lo antiguo (poemas épicos y fabulaciones mitológicas de la Antigüedad, el Renacimiento italiano y el Siglo de Oro español) y lo moderno (legado romántico-simbolista-expresionista-surrealista), que le permite poseer un aliento heroico y mítico; sostenido y arquitectónico a lo largo de su obra edita.

Integrado por cuatro partes, Amanecidas violentas de mundos desarrolla, en primer lugar, un viaje de carácter místico en aras de una «vita nouva» (cual nuevo Dante), pero inmerso en «el mundanal ruido» del Inferno que nos ofrece la nueva centuria. En segundo término, esa travesía puede ser vista como una búsqueda moral bajo la necesidad de construir un horizonte ético.

Debemos considerar como en cada una de esta cuatro partes, en cada poema y entre los poemas estalla con «violencia» el tono profético, teñido de milenarismo, Apocalipsis y vuelta del Mesías, y se establece una tensión en la que, como ha señalado Salomón Valderrama, se percibe: «El espacio creativo, posible enfrentado a la realidad. Lo real formado versus lo irreal en deformación».

Cuatro secciones que se erigen como espacios y portavoces de la memoria de la experiencia humana con una capacidad de reinterpretarla desde una compleja óptica que reconstruye los orígenes de la travesía poética del mismo Pancorvo.

(Seguir leyendo)

martes, 30 de marzo de 2010

JOSÉ PANCORVO Y ENRIQUE VERÁSTEGUI EN NOCHE DE SOL NEGRO EN YACANA 2009

José Pancorvo, José Luis Ramos Flores y Paul Guillén

Enrique Verástegui y José Luis Ramos Flores

José Pancorvo y José Luis Ramos Flores

Fuente: El Zorro de Abajo

domingo, 14 de marzo de 2010

SOL NEGRO / SOL NEGRO






Sol negro
(Caetano Veloso)


En la noche les traigo mi voz y el mar
Mi esquina es la luz de un sol en negro dolor
Es el amor que murió en la noche del Mar

¡Oh Nuestra Señora!
¿Cuánto tiempo ha pasado
De ir más allá del mar
Además de las armas de Yemayá
Adiós

domingo, 21 de febrero de 2010

AMANECIDAS VIOLENTAS DE JOSÉ PANCORVO POR VÍCTOR CORAL

Si bien es cierto que la tradición poética peruana no está exenta de rasgos místicos –pensemos solo en Esther Allison (descubieta para mí por el crítico Ricardo González Vigil) o en Santa Rosa de Lima-, el tener a un poeta místico como José Pancorvo en calidad de contemporáneo no deja de ser un deslumbrante privilegio. Su reciente entrega, Amanecidas violentas (Sol Negro, 2009), confirma plenamente esta idea, y devela, por si fuera poco, algunos destellos lingüísticos que se independizan de aquella condicionante trascendente.

“Cuando pude amanecer/ ya se ponía el sol/ y me salió otra razón”, dice JP, cargado de pesar por no haber vivido el tiempo de oro de la humanidad (la Edad Media, supongo, a juzgar por el tradicionalismo que profesa); pero, a su vez, con el convencimiento de que otra perspectiva es posible en un mundo entenebrecido por la preeminencia del oro, la imagen, y sus usos y abusos que son origen de todos los mal(estares) que nos agobian en tiempos hipermodernos.

Y de ello va el poemario, de amanecidas, despertares, iluminaciones; pero también de oscuridades, grisuras, y un espíritu temible, fortalecido, que se enfrenta a la burda cotidianidad callejera cantándola, elevándola, acaso viendo lo mejor de ella, como en esa parábola de los Evangelios Gnósticos donde los discípulos de Jesús solo siente hedor y repugnancia frente a un perro putrefacto, y el Salvador se fija en la belleza de sus blanquísimos dientes…

“Vendí el mundo al botellero”. ¡Qué contundencia trivial la de este verso! Y retrata el programa de toda mística: el abandono del repugnante mundo manifestado para asumir un compromiso mayor con lo trascendente, aun cuando esto no necesariamente asegure logros poéticos (pero en el caso de JP el balance es positivo).

Amanecidas violentas es un texto tan complejo, en consecuencia, que con solo detenernos en el aspecto de las transgresiones gramaticales tendríamos para un ensayo especializado cuyos objetivos escapan a este resención. Basta señalar que en “Canción en Taxi Cristalino” aquella transgresión se devela (¿rebela?) como una auténtica necesidad expresiva:

Pero yo aún venía muy
Para regalar
El licor paraísos infinito
(…)
El muy cielos
Aún pasó
Y yo ya estoy bien
muerto
muy el cráneo de meditación.

Todo el que conoce bien a JP estima que su figuración en medios y su reconocimiento como poeta debería incrementarse. No voy a enfatizar ello. Solo quiero recordar que el camino místico aquí, en España (recordemos al gran De la Cruz) y en la China (literalmente hablando) nunca ha sido una alfombra roja hollywoodense, y andarse quejando por ello es cosa de no-logrados y codiciosos. Este no es el caso de JP: en su obra se resume -sublime y violentamente- lo mejor y lo más oscuro de nuestra tradición; lo más elevatricio -yo también me gasto mis neologismos- de nuestra desconcertante o maravillosa realidad (al gusto del cliente), y un espíritu que pugna por encontrar una salida mayor al despropósito global actual. Con Amanecidas violentas debemos celebrar que esa ideología –que podemos compartir, combatir o repudiar, igual da- no haya difuminado lo poético; más: lo ha fecundado.

Trepana el cosmos muyuntin
Y en el continuismo sublime
No pienso, no deseo,
No dudo, no recreo,
No ambiciono

Y más que las plantas del paraíso
Es en ensueño divino en el corazón y la Plaza
Y en el arte del no-espacio sin escalas
Mi residencia-templo:
Ondulo hasta cuando no existía
Y adoro
En el Corpus Christi:
Nada de bienes menores
La afinación de mi exorcismo se sublima

Fuente: Luz de limbo

lunes, 15 de febrero de 2010

AMANECIDAS VIOLENTAS DE JOSÉ PANCORVO POR JAVIER ÁGREDA (DIARIO LA REPÚBLICA, 15-02-10)

En todos los recuentos de lo mejor de la literatura peruana del 2009 figuró el poemario Amanecidas violentas de mundos (Sol Negro, 2009) del escritor José Pancorvo (Lima, 1952). Un merecido reconocimiento para un poeta insular, que publicó su primer libro –Profeta el cielo (1997)– a la edad de 45 años y cuya obra (completamente ajena a modas literarias y tendencia generacionales) es una barroca y original combinación de poesía mística, erudición libresca, lenguaje oral y recursos vanguardistas.

Las cuatro secciones de Amanecidas violentas… corresponden a las constantes de toda la obra de Pancorvo: las dos primeras (“Canciones a la eternidad violenta” y “Estados unimismados”) a la trascendencia espiritual y la experiencia mística; las dos últimas (“Amanecidas reaccionarias, satánicas…” y “Amanecidas del Imperator Inca rey…”, las de mayor interés) constituyen un encendido discurso que mezcla la crítica social, a la manera de algunos profetas bíblicos, con mitos milenaristas de origen andino.

Pero es en el plano del lenguaje en el que Pancorvo arriesga más: incorpora abundantes palabras y citas en otros idiomas, emplea expresiones del habla peruana, y hasta trasgrede muchas veces las reglas gramaticales. En ese aspecto, Amanecidas violentas… llega a algunos excesos, pues no todas las “licencias” que se toma el autor parecen justificarse en las necesidades expresivas (“… el domingo es un día especialmente peligrosísimo…” p. e.) o en la libertad imprescindible para la verdadera creación poética.

LA TEORÍA DE LOS CAMBIOS DE ENRIQUE VERÁSTEGUI POR CAMILO FERNÁNDEZ COZMAN

La relación entre poesía y conocimiento viene desde muchos atrás. Desde Edgar Allan Poe (quien relacionó la poesía con la matemática en "Filosofía de la composición") hasta Ezra Pound (la poesía debía ser una ciencia como la biología o la química, afirmaba el impenitente "amigo inconfesable" de Luis Hernández) ha pasado mucha agua bajo el puente. Ya afirmaba Guillaume Apollinaire: "Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena/ También viejos amores". ¿Qué horizonte de posibilidades se abre cuando un poema nos lleva al siempre intrincado laberinto del saber en la denominada era del conocimiento?

César Vallejo nos habla de Heráclito, de Marx y Darwin. Rodolfo Hinostroza gusta de las circunferencias y de la fórmula de la teoría de la relatividad. Los ejemplos podrían multiplicarse. Recordemos el léxico de Saint-John Perse y su universo pleno de referencias vegetales que traduce una cosmogonía impregnada de una sensibilidad moderna y, por ende, autocrítica. Ya lo decía Octavio Paz, si no afilamos nuestra conciencia crítica, estamos aún en el páramo del medioevo.

Que este prefacio nos sirva, en algo, para adentrarnos en el último poemario de Enrique Verástegui: Teoría de los cambios (Sol negro editores: 2009), quien deja de lado el poema-río que se había manifestado en ambiciosos proyectos, como Ángelus novus, para volver al universo de la sugerencia a partir de textos más breves, pero de gran capacidad sugestiva. Aquellos que leímos, con fervor, esa ópera magna llamada En los extramuros del mundo que marcó toda una generación e hizo cambiar de rumbo a la lírica peruana, nos sentimos reconfortados ante la presencia de versos como los siguientes: "Escribí ese poema en la otra vida/ y lo refrendo ahora. No es un karma,/ es el apretón de manos entre el pasado y el futuro./ Tal vez no escribí ese poema ayer, sino en un mundo múltiple/ donde pasado, presente, y futuro se confunden:/ luz al final del túnel/ que traspasa la montaña hacia la luz" (p. 66).

La poesía de Verástegui se nutre de múltiples referencias culturales: Kant, Hegel, Leibniz, Russell, Wittgenstein, el mundo oriental, entre otras. El yo poético afirma que se le ha prohibido pensar cuando en realidad lo importante "es organizar el caos" (p. 16). Para ello se opone radicalmente a un icono de la llamada generación del 50: el gran poeta Javier Sologuren, quien se asocia a la vejez y a las convenciones sociales dominantes. El desorden de Verástegui se confronta con la norma "culta" encarnada por el poeta de Vida continua.

Sentarse como un yoga y admitir que la Biblia, Platón y Horacio se equivocaron, constituyen un acto de entrega a la frescura y belleza del universo: "teoría de los cambios florece cuando sueñas" (p. 37). En fin, un poemario que confirma el talento de Enrique Verástegui y su posición privilegiada en el orbe interminable de la poesía latinoamericana.

Fuente: La soledad de la página en blanco