domingo, 16 de octubre de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
NIGRUBLANCU DE SALOMÓN VALDERRAMA, POR VÍCTOR CORAL
Los críticos extranjeros consideran el llamado neobarroco no solo como el formato que domina el espectro más interesante de la poesía actual; también establecen algunas coordenadas -no siempre coordinadas- donde lo rizomático, la actitud ecléctica, el arrebato y búsqueda lingüísticas son axiales, tanto como los conceptos de inestabilidad, cambio o invasión de temáticas sociales y aún políticas.El libro que hoy el poeta peruano Salomón Valderrama nos entrega, si bien participa de varias de estas especificaciones, se atiene a una tradición barroca o neobarroco de carácter nacional. Se inscribe en una línea que empieza en la obra de El Lunarejo ("Apologético de Don Luis de Góngora"), continúa con Gamaliel Churata y su "Pez de oro", se condensa de manera deslumbrante en la obra poética de Martín Adán -no sin antes pasar por el tamiz mayor trilceano- y sucede a propuestas tan disímiles como las del Mirko Lauer de "Sobrevivir" y Juan Ramírez Ruiz. Solo esto bastaría para celebrar este acontecimiento poético; pero Valderrama se ha internado además en una exploración del lenguaje del migrante capitalino, tratando de captar sus esencias verbales y mimetizando sus peculiares efluvios conceptuales.
Toda una experiencia poético-lingüístico-antropológica que exige un nivel alto al lector especializado, aunque deja el placer del sonido y de la peculiar eufonía al lego.
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lunes, 25 de octubre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
"ESCENA DE CAZA", PRÓLOGO DE BELLAS Y SUICIDAS DE NORA ALARCÓN
Este miércoles 15 de setiembre a las 7:00 p.m. se presenta el libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón en el local Brisas del Titicaca (Jr. Wakulski 180, altura cuadra 1 Av. Brasil). Estarán en la mesa de presentación José Pancorvo y Héctor Ñaupari. Como un adelanto a ese día publicamos el prólogo del libro:“Una escena de caza
en que el amante
azuza hacia la amada los mastines,
abre en canal su espalda
y arrojando a las bestias
las vísceras sangrantes
da de nuevo comienzo, como un sueño
—ella expía y consiente y habita
el mismo sueño—, a la persecución”.
Olvido García Valdés
Experiencias felices en la temprana juventud, lecturas decisivas que enriquecieron la madurez y terribles desilusiones a lo largo de la misma, son vicisitudes que han dejado alguna huella en mi interior, perceptible para mí y, seguramente, imperceptible para aquellos a quienes poco les importo. He vivido la angustia de atravesar el tiempo de la perdida de seres muy queridos y, además, he sentido que el amor no ha tocado conveniente ni oportunamente a mi puerta.
Cuando viví en Barcelona, me sentía ensimismada en mi soledad y en el exilio voluntario que me había sumido en un nostálgico mal de país, dada la lejanía de mi pueblo. En esos momentos vino a mi memoria una invitación a un encuentro de poesía en la ciudad alemana de Berlín, al que asistí con la secreta esperanza de continuar un romance, fatalidades del destino no se pudo cristalizar. Este fue uno de los detonantes que me llevaron a los senderos oscuros de la depresión. El Mediterráneo fue testigo de mis penas: caminaba solitaria, me empapaba con el aguacero invernal de febrero, el mes más frío en el hemisferio norte. Abril no era el mes más cruel —como en el poema de Eliot—, sino ese lluvioso y gélido febrero.
Esa experiencia fue una especie de muerte. Mi alma se partía. Pensé que el mundo me aplastaría. En aquella época leí los poemas de Sylvia Plath, me enteré que para ella la poesía y su vida eran una especie de apología a la muerte. Entonces, el fantasma del suicidio se apoderó de mis pensamientos y revoloteaba en mi cabeza como una zumbante mosca azul. Estos designios e imágenes sumadas a la posterior lectura de algunas poetas, cuyas vidas fueron más trágicas que las experiencias que yo experimentaba en ese entonces, han hecho que me sienta identificada con la sensación de asumir una decisión tan dura como es la de quitarse la vida. Los motivos pueden ser una infinidad de sucesos: una traición, una llamada, una carta, un accidente, una melodía, una despedida, una muerte, una enfermedad, un divorcio, un error inocente, el hastío, la incomprensión, la marginación, etc.
La compilación de este libro que tiene como denominador común el reunir a poetas suicidas de sexo femenino, todas ellas fallecidas a lo largo del siglo XX, es una especie de catarsis para enfrentar aquel espectro que me ha rondado en situaciones extremas. A veces somos como animales irracionales que destruimos todo lo bello que tenemos o podríamos tener. Somos demasiado crueles con nosotros mismos, matamos al amor, lo ahogamos en un gran charco de barro y sangre, y vamos en contra de nuestro destino. Ahora, mi visión es otra, pienso en mi hijo que es la razón más fuerte para seguir adelante en mi camino, veo reflejados en él muchos sueños y esperanzas que aún no he podido conseguir en mi vida. Cada ser humano aprende de la experiencia, aún en los momentos más duros y en las caídas más difíciles. Quiero recuperar al menos la reminiscencia de los bellos días que viví o perdí, y salir para siempre del oscuro abismo. Cuántas historias contaron mis silencios, cuánto fervor hubo en mis locuras, qué extraña es la vida lejos de ese caos. Sólo ahora lo sé, sólo ahora, cuando retorno a mi país.
Mi propósito con esta antología es rendir un homenaje a aquellas poetas suicidas que en alguno de sus versos reconozco un fragmento de mi propio ser, una nostalgia o una emoción que yo misma nunca podría haber expresado con la misma precisión que aprisiona mi alma cuando las leo.
Son quince poetas suicidas las que se incluyen en este libro, sin embargo quiero nombrar en un acápite especial a Violeta Parra (San Carlos de Itihue, 1917–Santiago de Chile, 1967). No la incluyo dentro del marco de la antología, porque la considero más compositora musical que poeta. Ella se dedicó a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folklórica chilena. En 1953 compuso sus primeras canciones basadas en las formas folklóricas tradicionales. En 1965 se publicó en Francia su libro Poésie populaire des Andes. Es un referente indiscutible de la música latinoamericana. El 5 de febrero de 1967 se suicidó en su carpa de La Reina. En alguna estrofa de una de sus canciones dice: “Miren como corre el agua / batallando por la arena / así batalla mi amor / cuando le ponen cadenas. // Ingrato desconocido, / te haces que no me conoces, / me estoy muriendo por ti / y te estoy llamando a voces”.
En Bellas y suicidas encontraremos diferentes estilos y poéticas empezando con la poesía sentida e intimista de Florbela Espanca: “Morir no es fácil, no / pero es lo más correcto”. Sara Teasdale también es intimista, pero tiene un marcado discurso amoroso: “Mis piernas no responden, / y no he amado aún / Tan sólo fui palabras en mundo de gestos”. La poesía de Alfonsina Storni como un cincel de fuego dentro de un mundo de agua: "Un rayo a tiempo y se acabó la feria”. Antonia Pozzi nos envuelve con imágenes desvalidas, producto de la pobreza y la guerra: “De niña, en las tardes de noviembre / como en los montes seguía / la guerra / y la leña costaba / tanto —como la leche, como el pan—”. Marina Tsvetáieva con visiones de nostalgia, exilio y deterioro, siempre recordando los campos de nieve rusos: "Déjame que me muera mientras la vida es para mí un libro”. Sylvia Plath, dentro de una poesía confesional, nos hace partícipes de sus deseos de suicidase: “Morir es un arte, como cualquier otra cosa”. Alejandra Pizarnik nos lleva al mundo de los sueños y el silencio: “no / las palabras / no hacen el amor / hacen la ausencia”. María Emilia Cornejo con una poesía marcadamente erótica y de protesta frente al machismo imperante: “Soy la mujer que lo castró / Con infinitos gestos de ternura / Y gemidos falsos en la cama / Soy / La muchacha mala de la historia”. Anne Sexton, al igual que su compatriota Sylvia Plath, nos invita a presenciar su suicidio mediante las palabras y su vida: “Los suicidas ya han traicionado el cuerpo”. Veronica Forrest-Thomson de vasta cultura y con una poesía más reflexiva y racional: “Es un hecho que el amor cuando vuelve aburre. / Puede que yo no entienda de dioses pero sé / Que Eros es dios, poderoso y púrpura”. Ana Cristina César nos informa del pesar que le produce tener un cuerpo en esta vida: "No soy divina, no tengo causa / No tengo razón de ser / una finalidad propia: / Soy la propia lógica circundante”. Miyó Vestrini con una poesía de absoluta y brutal sinceridad: “El primer suicidio es único. / Siempre te preguntan si fue un accidente o un firme propósito de / morir”. Amelia Rosselli con una poesía de quiebres lingüísticos, siempre iluminando los pasadizos de la lengua: “cuando sobre un tank me acerco / a aquello que era un tango”. Marta Kornblith, se autodefine como ‘la loca de la casa’ con una poesía que transita los pabellones de las clínicas psiquiátricas y las relaciones familiares: “En todas las casas / habitará una poeta —loca además—”. María Mercedes Carranza, hija del poeta colombiano Eduardo Carranza, con una poesía existencial y que canta el derrumbe de una nación: “En esta casa los vivos duermen con los muertos, / imitan sus costumbres, repiten sus gestos / y cuando cantan, cantan sus fracasos. / Todo es ruina en esta casa”.
Finalmente debo expresar que, en el tránsito de conocer la vida y obra de estas poetas suicidas, mi condición de mujer se ha visto reforzada. Ahora me aferro a la luz de la vida, con más fuerzas y presento esta antología como colofón de una parte de mi existencia, considerando que la vida y el amor son milagros en nuestro existir y hay que disfrutarlos plena e íntegramente mientras duren. En definitiva, la poesía nos une ahora a todos los que luchamos por un sueño*.
Nora Alarcón
* Luego de terminada mi labor de recopilación de materiales para esta antología, Paul Guillén, editor de este libro, hurgando en una biblioteca encontró a otra poeta suicida: Paula Sinos Montoya nacida en Baracaldo (Vizcaya, España) en 1950. Ella sufrió de una temprana esquizofrenia, por lo cual estuvo recluida y sin vínculos sociales. Dejó un único libro titulado Contagio o la imposibilidad de una ilusión. Su muerte, la madrugada del 4 de diciembre de 1981, la cuenta el maquinista del tren que cubría la ruta Bilbao-Portugalete: “Vi un bulto a lo lejos, al final de la recta y creí que se trataba de un perro, no sé... un animal. Pité, pité y pité y no se apartaba. Estaba arrodillada, esperándome de frente. Frené, pero era tarde. Jamás olvidaré aquel rostro, su estúpida mirada". La referencia a Paula Sinos se puede leer en el libro Galería de suicidas de Eliseo González. Madrid: Huerga y Fierro editores, 2003. Ahí se cita el poema emblemático de Sinos:
Estorbo
Siempre puedes pensar que fue el tren el que se arrojó a ti.
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jueves, 9 de septiembre de 2010
Presentación del libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón
El miércoles 15 de setiembre a las 7:00 p.m. se presentará el libro Bellas y suicidas de Nora Alarcón en la Asociación Cultural Brisas del Titicaca (Jr. Wakulski 180, altura cuadra 1 Av. Brasil).Presentadores: José Pancorvo y Héctor Ñaupari
Participación musical: Julio Humala
Ingreso libre - vino de honor
Sobre el libro
Bellas y suicidas. Selección, notas y prólogo de Nora Alarcón. Prefacio de Max Silva Tuesta (Sol negro editores, 2010, 112 pags.)
Bellas y suicidas es una antología que reúne 15 voces de poetas mujeres suicidas del siglo XX. Las poetas son Florbela Espanca, Sara Teasdale, Alfonsina Storni, Antonia Pozzi, Marina Tsvetáieva, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, María Emilia Cornejo, Anne Sexton, Veronica Forrest-Thomson, Ana Cristina César, Miyó Vestrini, Amelia Rosselli, Martha Kornblith y María Mercedes Carranza.
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martes, 29 de junio de 2010
NOTABLE DEBUT: MARIO MORQUENCHO EN "EL MISTERIO DE LA POESÍA" DE LA REVISTA CARETAS
Más de una vez me he referido a la renovada vitalidad del movimiento Hora Zero en base a la plena vigencia y actividad creativa de sus fundadores, el contar en sus filas con representantes de todo el país y la incorporación de poetas de las generaciones más recientes. El 22 de abril Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel presentaron, en el Salón Hora Zero del Bar Queirolo, en el jirón Camaná, el libro “Ciudadelirio”, de Mario Morquencho (Sol Negro editores, Lima, 2010).Morquencho nació en Los Órganos, Piura, en 1982, y vive en Lima a partir del 2006. Es un poeta con todas las de la ley, que tiene una amplia gama de recursos técnicos y expresivos y los administra con soltura en referencia a una megalópolis a la que no termina de acostumbrarse. Habrá que seguirlo con atención... Un poeta hecho y derecho (Adolfo Polack, Revista Caretas, 17-06-2010)
Fuente: Caretas
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viernes, 4 de junio de 2010
CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO POR FERNANDO ODIAGA GONZALES
El libro Ciudadelirio (Lima: Sol negro editores, 2010) de Mario Morquencho es la conciencia emergente de un hombre de provincia, forastero en esa metrópoli sicótica que es Lima la horrible, la de Salazar Bondy, en la que hay: “Un dulce malestar de Enero a Enero y un estarse muriendo todo el año”. Dicha conciencia emergente es lo que surge de la aprehensión y comprensión de las vivencias, las imágenes, que se presentan día a día en la gran ciudad, como una especie de extravío, un trastorno, en suma: un delirio. Morquencho escribe: “El cantar de la feria repleta de provincianos como yo/ retorna a mis oídos/ como silbido de viento clamando su existencia”; el viento que clama su existencia simboliza la vida de los provincianos, viento viajero que sopla y pasa volando desde los confines de la tierra (advenedizo por lo tanto), refrescando desde lejos un lugar, cualquier rincón del mundo, o por ejemplo: Lima la horrible.El viento que se vuelve canto y que retorna a los oídos como un silbido podría ser esa conciencia delirante de la que hablamos al principio, conciencia que luego vive y siente: ”tratando de equilibrar la nostalgia/ bajo la sombra de un árbol” como canta Morquencho.
En el mismo poema que comentamos, Parque universitario, podemos leer frases como “letanía de horas”, expresión de la cadencia y el ritmo tediosos de la capital; o leemos la frase “tarde macerada” que son ese mismo ritmo de fatalidad y absurdo impregnado en las horas durante un paseo por la gran urbe, ahora transformados en embriaguez, en calma evasiva, en olvido, completando el sentido con la frase “cántaros de chicha” y el parque se transforma en una visión multifacética y policroma, en escala de grises, de libaciones y sabores ancestrales. Luego de su paseo Morquencho retorna en autobús: “a resucitar mi habitación desconocida”, es decir retorna al recogimiento, a la soledad, al propio cuerpo confinado en un espacio cotidiano, que para Morquencho tiene la cualidad de ser desconocido, ignorado. ¿Por qué? Porque Lima es una ciudad que nos extrae el espíritu y la vida como un holocausto al absurdo; porque apiñarse diez millones de seres humanos en un solo sitio parece una locura, algo irracional. No podemos ser todos, y a veces ellos te niegan ser algo, te quedas vacío, solo y no sabes quién o qué eres.
De nuevo en el autobús, retornando a casa, en la 73, ese elefante verde que cruza Lima de norte a sur, Mario Morquencho percibe los rostros de los seres que habitan la metrópoli, los escruta, advierte sus estados, los recrea poéticamente y nos muestra sus poéticos pasajeros de autobús, sentados o parados, como otra ofrenda del delirio: rostros que tienen todos los colores, de “bigotones, dormilones y viejos verdes”, “De princesas sin príncipe”, de “obrero mal pagado”, etc. El solo acto de mirar con la sensibilidad despierta, poniéndose en el otro, simula esa comprensión que se aleja y se acerca de la verdad como el delirio. Cada rostro se transforma en un acto verbal del poeta mientras la 73 sigue rumbo a Chorrillos.
Lima propiamente, es vista por Mario Morquencho como un “cielo preñado de sótanos/donde jugamos a vivir”. La imagen de los sótanos en el cielo es agramatical y contradictoria, con una connotación especial, que nos desvela lo que significa la urbe para el poeta. Cielo igualado a subsuelo. Confinamiento y libertad; en cierro e infinito; el cielo preñado de sótanos habla de una posibilidad, una esperanza, de soledad y libertad, “jugar a vivir” nos lleva también a la idea de libertad. Pero, ¿no es acaso que jugamos en los sótanos como los niños, y que el cielo preñado no es otra cosa que la mujer solitaria, libre, infinita, maternal, que nos ofrece “jugar a vivir” como la esperanza en la dicha y la plenitud, allí precisamente, en la gran urbe, sobre la cual se extienden penas, miserias, fatigas, tanto como falsas grandezas y oropeles. Allí Morquencho cantará a las “cartitas de amor” flotando “en heces por el río” o “algún borracho que micciona decadencia” y es así porque solo mirar y escuchar en las grandes ciudades como Lima te puede llevar a ese delirio involuntario donde se mezclan belleza y coprolalia, grandeza y miseria.
La imaginería poética de Mario en su delirante Lima vivencial es de primerísima inspiración, de acercamiento piadoso, revestido con lo mejor de los recursos estilísticos de nuestra tradición poética. El libro entraña un tributo a Trilce y al surrealismo, a Martín Adán y Jorge Eduardo Eielson, entre otros registros verbales y rasgos de estilo. Hay un aporte de los setentas en tanto hay ritmo urbano, protesta social, existencialismo, integralidad, como quería Juan Ramírez Ruiz y los horazerianos. Pero en Mario la protesta se diluye en la visión intimista y por el otro lado el altruismo se desnuda en una sensibilidad metafísica, tal vez en una búsqueda de una esperanza más radical, trascendente y poderosa frente al vacío y la nada. “Cuando suene la campana, el amarillo del desierto se confundirá con el sol”; es decir, en la nada y el vacío de una ciudad anómala, amoral, absurda, viciosa, finalmente la luz viajando en el infinito, como es el título del último poema, en el que hay una especie de visión profética, una promesa y una utopía, más allá de la muerte y el absurdo, para esos limeños que se han despertado llorando, como dice Eielson en el epígrafe del libro de Mario. El surrealismo y el intimismo se dan la mano en esta poesía donde Lima se ha transfigurado como en un sueño, se ha convertido en delirio.
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CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO POR FRANCISCO MELGAR WONG
EXTRAÑA Y URBANA La breve anotación biográfica que acompaña este poemario nos dice que Mario Morquencho nació en Piura en 1982, llegó a Lima en el 2006, empezó a escribir poesía durante una época depresiva de su vida y renunció a su trabajo para escribir este libro. Y al leer “Ciudadelirio” entendemos por qué. Empujado por la angustia, Morquencho sale a las calles de una ciudad que le resulta extraña, asombrosa, repulsiva, seductora y, a la manera del paseante baudelairiano que inaugura la poesía moderna tal como la entendemos hoy en día, transcribe sus impresiones en versos que emulan el ritmo vertiginoso de la urbe. Visiones de cines, parques, edificios, horizontes industriales, puentes y un relato que parafrasea a Poe (“Asesinato en la calle Omicrón”) delatan la deuda de Morquencho con la literatura de fines del siglo XIX. “Ahora me tendré que ir / por la odisea / y mi voz tendrá que luchar / con los claxon de las avenidas / y retornaré en autobús / a resucitar mi habitación / desconocida”. (Francisco Melgar Wong)
Diario El Comercio
Lunes 3 de mayo del 2010
http://e.elcomercio.pe/66/impresa/pdf/2010/05/03/ECCU030510c8.pdf
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martes, 11 de mayo de 2010
VIERNES 14 DE MAYO: PRESENTACIÓN DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO EN LA ALIANZA FRANCESA DE CHICLAYO
PRESENTACIÓN DEL POEMARIO“Ciudadelirio”
(Sol negro editores, 2010)
del poeta piurano Mario Morquencho
Dos asedios críticos:
Hermenéutico: Fernando Odiaga Gonzáles
Semiótico: Antonio Castro Cruz
¡¡¡El tiempo de la presentación impresionista con mucha alabanza y loa gratuita ha quedado relegado a la historia, es necesario justificar y demostrar la calidad de un texto!!!
DÍA: 14 mayo
HORA 7.30 p.m.
LUGAR: AUDITORIO DE ALIANZA FRANCESA (Juan Cuglievan Nº 644 Chiclayo)
¡¡¡Entrada libre!!!
miércoles, 5 de mayo de 2010
Enrique Verástegui y Teoría de los cambios por Elton Honores
Enrique Verástegui. Teoría de los cambios. Lima: Sol Negro/ Cascahuesos, 2009. 66 pp.La editorial Sol Negro, dirigida por Paul Guillén, junto a la editorial Cascahuesos, nos entregan lo último del “poeta prodigio” Enrique Verástegui (Lima, 1950): Teoría de los cambios. En este libro de madurez, el poeta cercano a los sesenta años, reflexiona sobre la soledad y la necesidad de una vida apacible. Esta vida apacible no descarta el cuerpo y la sexualidad como medio para alcanzar la plenitud. Por ello la recurrencia a la imagen de la “rosa” a lo largo del libro. El conocimiento está asociado a la otredad, pues en “Epistemology by tv”, plantea que por medio del conocimiento físico del otro me conozco a sí mismo.
En el poema “Philosophy” plantea algo clave: “La filosofía profetiza felicidad a los hombres, pero el hombre vulgar sufre” (13). Aquí se desmitifica la noción del futuro atribuido al hombre en abstracto frente al hombre concreto del presente, común y corriente que padece los males y angustias metafísicas frente a lo incierto. En este verso el autor sintetiza la condición moderna del hombre, que es ambivalente, pues su mundo ideal es proyectado en un tiempo que no le pertenecerá y por otro, el desinterés por lo propiamente “humano”, pues hoy ¿a quién le interesa el arte, la filosofía, la literatura? El hombre del presente es vulgar porque su tiempo también lo es. Considero que este verso es uno de los mejores del libro e incluso posee cierta carga polémica.
Para el hablante lírico, vivir es florecer a nivel ético-individual, pero éste no niega a su vez, los viejos deseos de cambiar el orden, de cambiar políticamente el mundo. Las implicancias revolucionarias se fusionan con las gnósticas y místicas. Para el poeta la meditación es un acto clave, un valor en estos tiempos. Para el yo poético, solo el cambio permitirá trastocar el presente en futuro y el futuro en pasado…
Simplemente, se trata de un excelente libro. Imprescindible.
Elton Honores
Universidad San Ignacio de Loyola
Fuente: Iluminaciones
Foto cortesía de Juan Pablo Mejía
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domingo, 2 de mayo de 2010
Grupo Literario Signos. Demolición de los reinos (Lima: Sol Negro Editores, 2010) por Paul Guillén
Tal y como habíamos adelantado en unos días estará saliendo de las prensas de Sol negro el nuevo libro del Grupo Literario Signos como adelanto publico una reseña que escribí sobre este nuevo libro titulado Demolición de los reinos:Desde la Región Lambayeque este grupo literario se mantiene muy activo a través de su blog: http://grupoliterariosignos.blogspot.com/. El libro contiene cuatro poemarios titulados “Los últimos días de Caín” de José Abad Ascurra; “¿Dónde acaso es camino?” de Cromwell Castillo Cabrejos; “Abandono del hastío” de Ronald Calle Córdova y “Persistencia del alarido” de César Boyd Brenis. Imágenes apocalípticas, metafísicas, gnosticismo, presencia de la naturaleza unida a referencias de poesía maldita y trascendentalista: Baudelaire, Bukowski, Panero, Pessoa, Colinas, Gamoneda.
Esta es la segunda compilación de Signos. Valdría la pena reflexionar sobre la continuidad o las variaciones entre las dos muestras poéticas. En la primera muestra Signos 2006-2007 (Tiro de gracia editores, 2007) se recogieron los trabajos “Absolución de la noche” de José Abad Ascurra; “Agua / transfiguración o el sonido” de Cromwell Castillo Cabrejos; “Agonía compartida” de Ronald Calle Córdova y “Heterónimos frente al espejo” de César Boyd Brenis, todos los poemarios iban por una onda metafísica, existencial, apocalíptica y ajena a una poética coloquial, es decir, había un discurso más o menos homogéneo y parejo entre todos los poemarios. En esta primera muestra la sección que más destacaba era la de Castillo Cabrejos. En la segunda muestra (Sol negro, 2010) el discurso se mantiene y se reelabora con diferentes lecturas. Hay un cambio sustancial: el poemario que entrega Castillo Cabrejos “¿Dónde acaso es camino?” se instala dentro de lo coloquial e incluso varios poemas tienen carácter sentencioso. Los demás poemarios se mantienen acorde con la primera muestra poética y la sección que más destaca es “Los últimos días de Caín” de Abad Ascurra, el poeta ha extremado su repertorio y su angustia construye imágenes desbordantes y lacerantes.
Tal vez habría que analizar sección por sección: Abad como decíamos es el poeta que más ha extremado los logros de Signos en su segunda muestra poética. Su discurso dialoga con imágenes proféticas y bíblicas e incluso con la poesía de corte maldito desde una experiencia existencial. Aquí es decisiva, por ejemplo, la presencia de Leopoldo María Panero. Abad se inscribiría dentro de una tradición poética peruana esgrimida por Juan Ojeda y que abarca hasta Ernesto Zumarán y Chrystian Zegarra, por mencionar algunos nombres.
Como habíamos adelantado el libro de Castillo Cabrejos es el más diferente de la poética del grupo Signos, aunque el grupo ha tenido una reciente incorporación de nuevas voces con Ericka Madrid (Argentina), Hazzel Yen (México), Zoila Aguinaga (Perú) y Anita Ramos (Perú). ¿Dónde acaso es camino? se abre con una cita de Bukowski: “No era mi día. Ni mi semana, ni mes, ni mi año. / Ni mi vida. ¡Maldita sea!”. Se tratan de poemas irónicos sobre el amor, son zahirientes, ácidos, pero no resignados. Este coloquialismo es más sentencioso que cotidiano. Nos hace recordar algunos epigramas latinos e incluso poemas españoles en tono de adivinanza, acertijo o paradoja.
El tercer poemario “Abandono del hastío” de Calle Córdova es un solo poema en 23 estancias. Hay un cierto nietzscheanismo en sus versos: la condición igualitaria del creador y la criatura, y en otros pasajes la idea del hombre como creador de Dios. Se juega con las ideas de la cotidianidad, la locura y el silencio como salidas posibles. Es quizás el poeta más vallejiano de los cuatro, en realidad, los otros tres poetas tienen referentes distintos.
El último libro es “Persistencia del alarido” de Boyd Brenis, claramente es el más metapoético de los cuatro poemarios. Los primeros poemas se preguntan por las (im) posibilidades de transmisión del poema en tanto comunicación y en tanto percepción. Más adelante uno puede encontrar imágenes de naturaleza: bosques, aves que son metáforas de la escritura. También un poema sobre el ajedrez que continúa el juego cíclico de Omar Khayyam o Borges, reelaboración de mitos (Narciso) o un poema sobre la relación entre los sueños y el inconsciente.
Demolición de los reinos, es un libro que propone una estética grupal y eso es un gran mérito. Se trata de pensar en cierta dirección con los aportes individuales de cada integrante. Demolición de los reinos se constituye sin duda en uno de los mejores aportes de la poesía norteña y peruana, y continúa el legado de César Vallejo, Alcides Spelucín, Luis Valle Goicochea, Mario Florián, Marco Antonio Corcuera, Juan Ojeda, Juan Ramírez Ruiz, Róger Santiváñez o Javier Gálvez.
sábado, 1 de mayo de 2010
LA POESÍA COMO DESAFÍO A LA URBE. Presentación de Ciudadelirio (Sol negro editores, 2010) de Mario Morquencho por Jorge Hurtado*
Poeta Jorge Hurtado presentado Ciudadelirio de Mario Morquencho en el Chaska de TrujilloEn la poesía de Mario Morquencho, la ciudad no es un plan urbanístico, ni el sueño de una comunidad para vivir en un orden donde nadie pueda extraviarse. La ciudad a través de Ciudadelirio es un mapa laberíntico de emociones y visiones, una nueva geografía intima, esquizo, reinventada para formar parte de una nueva experiencia, a través no sólo de la visión contemplativa ni de la mera cotidianeidad, sino de fusionarse con la atmósfera del estallido, mezclar su piel con la piel de aquello que es tan fabuloso como un monstruo y que puede tragarnos y expulsarnos vacíos hacia un rincón de la noche. Y cuando este monstruo, este leviatán de infinitas paredes aparece con sus mandíbulas de cemento, aparece la poesía como única redentora para reconfigurar la ciudad y re ensamblar el caos, el humo, la desesperación, la violencia, el río por donde atraviesan los sueños de millones de personas en un paisaje poético.
¿Qué podría impulsar a un poeta a escribir sobre la ciudad? Hace casi cuarenta años, apareció un poemario que marco un hito importante en la poesía peruana, y además instauró una nueva voz en un escenario dominado por una literatura encerrada en sí misma. En los Extramuros del Mundo, el libro de Enrique Verástegui, apareció y la ciudad dejó de ser la misma. En la soledad de un nuevo territorio, el ser humano debe de trazar su mapa vital, sus rutas para sobrevivirse ante este mundo desconocido. Actitud totalmente ajena a adaptarse y seguir el ritmo impuesto por la tiranía de la rutina, dejarse llevar blandamente por la monotonía y el hastío de callejones que llevan a la desesperación y a la muerte. El impulso que lleva al poeta a fusionarse con la ciudad, de auto expulsarse una vez que se han sumergido en los miasmas de las márgenes y de los afectos inconexos, a reinventar cada paso que da contra el tráfico, el impulso no es otro que elegir entre las infinitas posibilidades de reafirmar un yo, es disolverse en la ciudad para recuperar ese yo perdido, el retorno a la voz primera antes de la contaminación de su espíritu. Es robarle de nuevo su espíritu al leviatán, a la urbe, para habitar de nuevo en ella, en lo terrible conociéndolo. La vuelta a la tuerca para sobrevivirse, esto también se encuentra en la poesía de Mario.
La poesía muchas veces es vocación, pero además es actitud. Es ingresar en la noche más oscura dentro del laberinto para asesinar al minotauro, buscamos desenfadadamente a la bestia para liberar el destino trágico de las visiones impecables, pero en la travesía nos percatamos que nos transformamos o somos nosotros el minotauro. Destino inexorable de aquel que se atreve a sortear los caminos de la poesía, de ese ir más allá de la palabra a través de ella. Así ingresa el yo poético de Ciudadelirio, atraviesa la ciudad en su versión más dura, atraviesa celdas, callejones sin salida, ríos de desesperanza, microbuses que llevan hacia la nada, ventanas que dan hacia uno mismo en la soledad más siniestra, edificios que navegan como barcos ebrios en el mediodía para luego verlos naufragar en plena medianoche, de encuentros que prometen un sueño que se desvanece al abrir las puertas de la habitación. El abismo en sus mil versiones. El hombre que descubre el desgarro, su propio desangrarse, pero que no da tregua a esa sensación de caminar constantemente en el filo de los precipicios, sino que lidia
“…con el humo
con la ciudad
con el cielo preñado de sótanos
donde jugamos
a vivir”
(La Ciudad, 11)
Así termina el primer poema del libro. Su invitación al inicio del viaje, como aquel viaje de Baudelaire donde expresa: “En desiertos de tedio, un oasis de horror!”. Pero por eso esta invitación no se queda en aquella primera visión iniciática ante el monstruo de la urbe, sino que nos coloca allí como cómplices, como compañeros de aquella experiencia vital de Ciudadelirio.
* Palabras leídas el 28 de abril de 2010, día de la presentación de Ciudadelirio de Mario Morquencho en el Chaska de Trujillo.
¿Qué podría impulsar a un poeta a escribir sobre la ciudad? Hace casi cuarenta años, apareció un poemario que marco un hito importante en la poesía peruana, y además instauró una nueva voz en un escenario dominado por una literatura encerrada en sí misma. En los Extramuros del Mundo, el libro de Enrique Verástegui, apareció y la ciudad dejó de ser la misma. En la soledad de un nuevo territorio, el ser humano debe de trazar su mapa vital, sus rutas para sobrevivirse ante este mundo desconocido. Actitud totalmente ajena a adaptarse y seguir el ritmo impuesto por la tiranía de la rutina, dejarse llevar blandamente por la monotonía y el hastío de callejones que llevan a la desesperación y a la muerte. El impulso que lleva al poeta a fusionarse con la ciudad, de auto expulsarse una vez que se han sumergido en los miasmas de las márgenes y de los afectos inconexos, a reinventar cada paso que da contra el tráfico, el impulso no es otro que elegir entre las infinitas posibilidades de reafirmar un yo, es disolverse en la ciudad para recuperar ese yo perdido, el retorno a la voz primera antes de la contaminación de su espíritu. Es robarle de nuevo su espíritu al leviatán, a la urbe, para habitar de nuevo en ella, en lo terrible conociéndolo. La vuelta a la tuerca para sobrevivirse, esto también se encuentra en la poesía de Mario.
La poesía muchas veces es vocación, pero además es actitud. Es ingresar en la noche más oscura dentro del laberinto para asesinar al minotauro, buscamos desenfadadamente a la bestia para liberar el destino trágico de las visiones impecables, pero en la travesía nos percatamos que nos transformamos o somos nosotros el minotauro. Destino inexorable de aquel que se atreve a sortear los caminos de la poesía, de ese ir más allá de la palabra a través de ella. Así ingresa el yo poético de Ciudadelirio, atraviesa la ciudad en su versión más dura, atraviesa celdas, callejones sin salida, ríos de desesperanza, microbuses que llevan hacia la nada, ventanas que dan hacia uno mismo en la soledad más siniestra, edificios que navegan como barcos ebrios en el mediodía para luego verlos naufragar en plena medianoche, de encuentros que prometen un sueño que se desvanece al abrir las puertas de la habitación. El abismo en sus mil versiones. El hombre que descubre el desgarro, su propio desangrarse, pero que no da tregua a esa sensación de caminar constantemente en el filo de los precipicios, sino que lidia
“…con el humo
con la ciudad
con el cielo preñado de sótanos
donde jugamos
a vivir”
(La Ciudad, 11)
Así termina el primer poema del libro. Su invitación al inicio del viaje, como aquel viaje de Baudelaire donde expresa: “En desiertos de tedio, un oasis de horror!”. Pero por eso esta invitación no se queda en aquella primera visión iniciática ante el monstruo de la urbe, sino que nos coloca allí como cómplices, como compañeros de aquella experiencia vital de Ciudadelirio.
* Palabras leídas el 28 de abril de 2010, día de la presentación de Ciudadelirio de Mario Morquencho en el Chaska de Trujillo.
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jueves, 29 de abril de 2010
LLEGAR A ESTE LIBRO ES SORPRENDER AL ABISMO (Y AL MUNDO) CON LA BOCA ABIERTA POR KARINA VALCÁRCEL
Ciudadelirio es el primer libro de poemas de Mario Morquencho, 80 páginas que contienen 30 poemas de versos largos y títulos a veces más largos todavía. Pero Ciudadelirio no sólo es un libro de poemas, como Mario Morquencho no sólo es un autor más. Ciudadelirio es un mapa que se despliega a medida de su lectura, que nos muestra rutas diferentes para conocer la ciudad, sentados desde la silla que Mario ha procurado para nosotros.Conocí a Mario en el año 2006, en las reuniones del desaparecido o más bien travestido colectivo Heridita que en aquella época era integrado por 6 gatos. Yo estaba embarazadísima así que podríamos decir que eran seis gatos y medio.
Mario empezó publicando en soportes virtuales, en la misma página donde yo colgaba mis poemas de los veinte años, fue un chico de esta página quien llevó a Mario a mi casa y con el que me disputo el título de Augusto Ferrando, pero Mario en el fondo sabemos que yo te descubrí y a quien diga lo contrario lo espero a la salida del bar para agarrarnos a botellazos.
Esta iniciativa que Mario tuvo de poner en la web sus escritos es en esencia el primer paso al libro que ahora tenemos entre nuestras manos, es la decisión de compartir con el mundo su forma de percibir, interpretar y asimilar la vida. Es el reflejo del ansia por publicar y conocer a personas con las cuales sentirnos identificados, lo que me parece totalmente saludable además de necesario.
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miércoles, 28 de abril de 2010
Olas de ají de colores: Amanecidas Violentas de Mundos de José Pancorvo por Salomón Valderrama
La idea de un regreso del inca no apareció de manera espontánea en la cultura andina. No se trató de una respuesta mecánica a la dominación colonial. En la memoria, previamente, se reconstruyó el pasado andino y se transformó para convertirlo en una alternativa al presente. Este es un rasgo distintivo de la utopía andina. La ciudad ideal no queda fuera de la historia o, remotamente, al inicio de los tiempos. Por el contrario, es un acontecimiento histórico. Ha existido. Tiene un nombre: el Tahuantinsuyo. Unos gobernantes: los incas. Una capital: el Cuzco. El contenido que guarda esta construcción ha sido cambiado para imaginar un reino sin hambre, sin explotación y donde los hombres andinos vuelvan a gobernar. El fin del desorden y de la oscuridad. Inca significa idea o principio ordenador.En Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes
Alberto, Tito, Flores Galindo
no sé: / respóndeme / poesía
si no serán tus turbulencias
que en la noche hacen sol
y oscuridad al mediodía
Haroldo de Campos
Infame turba de nocturnas aves,
Gimiendo tristes y volando graves.
Luis de Góngora y Cogote
Amanecidas Violentas de Mundos (Sol Negro Editores, 2009) del poeta José Pancorvo nos sumerge o nos arroja al difícil equilibrio de la diversidad, poderosa, débil, a veces, asfixiante y que permite la sobrevivencia en su aceptación/imposición por colisión. La belleza fuerte choca, encalla y la natural es la que siempre sobrevive, latido sobre latido, respiración sobre respiración, shock sobre shock no se apaga en artificios. El fuego que se creía apagado de antiguos sentimientos, de cruces forzados crece. Guerrear en esta poética es aceptar lo icónico y consuetudinario para brillar también por otras riquezas y pobrezas culturales en conflicto. Estas canciones jóvenes, terribles, de guerra, otras veces, de burla, de rezo, de grito, de celebración, de híbrida respiración, parecen apuntalar en un sacrificio libre, donde el río Rímac, vivo, discurre manchado de sangre, de heces, parece gritar en secreto hacia otra tétrica traición: ¿Qué alcalde rey elevará este gran río en pos de un jardín? Pero aún así es encomienda, quipe de luz; lo más propincuo al sentido de ofrenda, de entrega de los dones. La riqueza, para este punto, Perú, del mundo, del verano, de las primaveras eternas y de ficción: su don de creación, de aparición en los mercados, en los bares, en los cuarteles militares, en las religiones; camino al paraíso perdido parece haber crecido uno recuperado, de mixtura, crepúsculo, ocaso, arco iris, tornasol, tornadosol, hay un opúsculo concreto en esta poesía en escala de arpas múltiples astrales en pos de fusión vital, hay un huayno secreto que congoja sumado a un huaylas de explosión perenne, el yaraví sólo se insinúa, la chicha se eleva en figura fuerte, extensa, que devasta, y cree en un nuevo siglo, natural, clásico, aquí mismo, de escuela musical, bajo un cielo ácido de muchos cielos, de muchos ojos que viajan divinos de sueños, de transformación con trabajo. Esto se ve en ‘Marche Royale’: más niñas y siglos aparecen: así sea en el Ucayali / o en el jirón Huallaga friendo / marchando hacia el esplendor así sea. Dones de transparentes, invisibles, de fantasmas que ya se ven, que no se tapan la cara como en ‘Los Andes’ de Sérvulo Gutiérrez, de vergüenza, por ser de una cultura pura, telúrica, o sin brazos, por la impotencia, por la desigualdad de refrito en ‘Mito de la mujer y el vuelo’ de Tilsa Tsuchiya, o Alberto Quintanilla, con sus diablos coloridos, en masacre, oscuros y pendejos; la fusión se aparea hacia la perfección. La segregación natural ata y desata toda clase de cabos, la historia se recita, se reaprende, se olvida, se reescribe. Recuerdo la canción ‘I am cholo’ de D’mente común (grupo de rock nacido en 1994): Cholo... / La sangre del Inca corre por mis venas / las místicas leyendas no quieres creer / entre los andes y el cielo pude crecer / y una falsa ilusión me trajo aquí / abandoné mis tierras por ambición / mis sueños se derrumban en la realidad / por el color de tu piel te crees más que yo / pero tú eres cholo igual que yo. ‘Triciclo Perú’ de Los Mojarras y el inmortal Cachuca (nacido en 1992): Triciclo con zapato un vaso de chicha un buen reloj / camisas chucherías de todo en las calles y en montón / persigna la primera venta las calles están repletas / empuja el triciclo ambulante llamado PERÚ. O ‘Destruir’, hacia ciudad asesina, ciudad delicia, de Narcosis (nacido en 1984): La ciudad se me echa encima / toda esta mierda me asfixia / tengo que destruirlos / antes que ellos me destruyan. // Hay que destruir, / para volver a construir / hay que destruir, / para volver a construir. Todos contra la Anarquía dulce, sumando libertad, no la de Carlos Oliva: un estado de ánimo tan bello / como una flor amarilla en la noche: Anarquía / tuve que elevarme sobre ese amanecer / y dar pasos tan bellos. Siempre sobre/entre colores/sabores perfectos. Esta poesía hierve disímiles condiciones porque es hija/aborto/esperpento de un proceso largo y por miopía, y estupidez, repetitivo. Apogeo sobre miseria apogeo, y otra vez, miseria: es el rastro pestilente de la política económica peruana. Ya en los años 60 Javier Heraud escribía en su poema ‘Dos preguntas’: ¿Por qué será que todavía existen / infelices que nos hablan de una Lima / señorial, antigua, colonial y bella? / ¿Por qué quedan todavía desgraciados / que anhelan sin cesar la ciudad de los Reyes, / las tapadas, los balcones, la alameda, / si de eso sólo queda un basural de hambre, / de miseria y de mentira? (Poesía completa, Peisa, 1997). Los mayores dones en esta poesía de Pancorvo se aquilatan en amaneceres, en despertares profundos y profusos, hacia el reinado de lo mestizo. Se aceptan todas las culturas y todas las creencias, es un reino abierto y siempre hay una posibilidad, y un guiño natural hacia la guerra por ver otros colores fuertes, impredecibles en el cielo obscuro. Sucede así con las culturas fuertes. Es el caso de todas las que se desarrollaron en este reino de misterio llamado Perú. El poemario está lleno de visiones en ejercicio constante, cruzadas que golpean, dan un puñetazo, latigazo, como en ‘Los funerales de Atahualpa’ de Luis Montero, donde el único indígena, cholo, mestizo es el Inca y todo lo demás de figuración europeizante; pero más cercano al libro de José Pancorvo sería la versión pop del mismo cuadro de Marcel Velaochaga, donde aparecen: Abimael Guzmán, puño en alto, en pro de una reivindicación errática por modo, a Francisco Pizarro con oficiales del Ejército como piezas de un mapa fantasma, a Benedicto XVI, que bendice con una mano y con la otra cuelga la cabeza del ya cadáver Che Guevara, entre marines norteamericanos que fuerzan a los desconsolados indígenas fundidos con manifestantes obreros y un campesino escapado de los dibujos de Guamán Poma de Ayala: todo como historia fantasmagórica, de payasada, de la independencia del Perú.
En Canciones a La Eternidad Violenta, primera parte del poemario, aparece un despertar en la gloria de los locos bañados por el fuego que alumbra las amanecidas vivificantes y esplendorosas: solamente / de / madrugada / de Armas / solamente / de / tambaleo // me despierto levanto / como un mantarraya amarillo en la ola // por la Fuente me tambaleo / me tambaleo solamente / solamente en la Plaza de Armas (‘Plaza De Armas 360° En Tu Luz Perfectísima’). Recordemos que la Plaza de Armas, el Centro de Lima, ha sido tomado por el mestizaje, por la cultura chicha, por la riqueza que en ésta se eleva (el camino de Miguel Ildefonso que más me gusta), y que no fue fácil, por eso el poeta dice: mi tambaleo fue forzoso / violento / quebrantador (…) // cuando pude amanecer / ya se ponía el sol / y me salió otra razón (‘Canción De La Escalera Violenta’). La migración produjo fuerzas ahora incontenibles. Si al principio pareció que éstas invadían la llamada capital y su inocente serenidad que provocaba y aún provoca, porque nada se hace pensando en el futuro, vergüenza y rabia; hoy estas fuerzas de la migración están proyectadas hacia el mundo, de exportación cultural, por eso en ‘Canción De La Botella Violenta’ se dice: asaltamos el bar / asaltamos a las trabajadoras / asaltamos el mercado recién abierto / asaltamos el municipio y la casa de gobierno // asaltamos varias casas de gobierno / y los cuarteles subterráneos de las grandes potencias / nos adueñamos de los sistemas y de los antisistemas / y de los universos conocidos y desconocidos / y de miles de otras botellas rarísimas. El poeta vislumbra lo que le espera a esta gran cultura que trataron de borrar, de desaparecer. Pero allí están radiantes: César Vallejo, José María Arguedas, Alejandro Peralta (el que engrana máquinas, combustible y soledad en Ande y El Kollao), Gamaliel Churata, Alejandro Romualdo (el del poema que provocó que se compusiera ‘Canto Coral a Túpac Amaru’ por Edgar Valcárcel y el de Ni pan ni circo), Juan Ojeda y Óscar Colchado Lucio (el de Rosa Wanca, Lorenzo Taipe, Liborio y Wayra en Rosa Cuchillo y el de los cuentos mágicos en las aventuras de Cholito).
En la segunda parte, Estados Unimismados, ya no es la acción sino la intimidad que emerge, que crea hacia la permanencia, la continuidad de la cultura, así dice el poema ‘Com Poetría Entre El Sol e La Foja’: eternidad a flotar entre el sol y la página // la toda momento hasta espejo / la toda color hasta espejo / la toda escalera hasta espejo / la toda sortija hasta espejo / de haber durante parque el hambre luz // y en la sombra de las manos los siglos espejo / la todo espejo a la página. Se refracta lo aprendido, en la página en blanco se graba, se esculpe su belleza y bondades. Amanecidas Reaccionarias, Satánicas, Vulgares, Hieráticas y Mundiales, la tercera parte, nos fija, nos establece, nos reestablece lo comunicado en el principio, se alargan las notas, su naturaleza se funda en las culturas que estuvieron ocultas, pero que ahora enriquecen otras potestades, se habla de la mecánica de las facultades hacia la industrialización, tecnología de punta, y un boicot latente perenne en ‘Vulgo Cristalino’: los monstruos invisibles chinean a través / de la composición de los músculos y órganos / y manyan perfectamente cada músculo / cada hueso y cada jugo // y en la Avenida Brasil pueden ver el proceso / del helado de vainilla y los barquillos / en el esófago etc etc // los monstruos invisibles / saben que todo alude a otra cosa / y se atormentan oscureciendo la Av. Brasil / y cranean una lenta venganza / contra los humanitos recién bautizados. La riqueza, las señales de poder y el juego van de la mano; los poemas se parecen a un fardo andino por los ricos y diversos colores, ‘Vulgo Velocísimo’: sueño que soy un camarón / plomo pero // de madrugada de pronto / navegando en la mesa veo tu pronto / Desaparecer / y te escribo este correo. Estas señales también sugieren otros gobiernos, otros ejércitos, otro tipo de controles de riquezas, de nuevas riquezas reflejadas: se sacuden estatuas jurídicas y en el teatrín de la duda / los intestinos hacen jeroglíficos en el satín del hidrógeno / y predica el sarcófago feliz como robot / de ropaje tibetano cúrcuma y páprika sobre aguas / gaseosas melódicas que juegan con cráneos / e iguanas y escarabajos errantes al azar (‘Cambio De Piel Mundial: Primer Día’). Es la realización de la nueva urbehibris lanzada hacia el futuro.
En la parte final, Amanecidas Del Imperator Inca Rey En La Plaza De Armas De La Ciudad De Los Reyes, se da la culminación, la coronación del gran rastro, de la cultura que ha sobrevivido toda clase de padeceres en su transcurrir histórico a galope nocturno (en burro, como arlequín en burro). Pero no se habla, no se canta a un único sino a muchos, al común, que es heredero de este proceso histórico, hoy en éxtasis por creación. Es la coronación de un pueblo, de un reino, de un reino esplendoroso del color (alusión de Antonio Cisneros a la obra de Enrique Polanco), de un sentir, del que ya nos hablaba Manuel González Prada hace más de un siglo. Es una ‘Marche Royale’: la gran estrella serpiente así sea / entre Sicuani y Jauja moviéndose / copa o corona lo non pagava // casi nadando saca / la lengua sobre el ají y cae la chicha / rígida sobre las calabazas Huanca // e a maravilla lo han / los niños la vinieron a recoger estrella así sea / llena del buen loor de la mansa tierra saciada // más niñas y siglos aparecen: así sea en el Ucayali / o en el jirón Huallaga friendo / marchando hacia el esplendor así sea.
No todos fueron ignorantes, felizmente, no todos fueron estúpidos; allí están: Enrique López Albújar (el de ‘Ushanan Jampi’ en Cuentos Andinos y Matalaché), José Carlos Mariátegui, Abraham Valdelomar y Miguel Gutiérrez (el de Sacramento Chira, El Conchal y Sansón Carrasco en La violencia del tiempo y La generación del 50: un mundo dividido). Y más cometa ají.
Vox profundamente en lince.
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martes, 27 de abril de 2010
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