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lunes, 6 de abril de 2009

Airado Verbo (Sol negro editores) de Juan José Soto “El ambiguo espejo de la palabra” por Óscar Pirot*

Presentación de Airado verbo en Madrid
.
Asombrarse es barnizar el mundo con mirada virginal, encarcelarse en el delicado parpadeo de las cosas, desentrañar el habitáculo evanescente de las palabras. En ese trayecto que implica la decantación del mundo y del lenguaje, se va edificando la arquitectura vivificadora de la poesía, la redención inminente de nuestros primeros balbuceos, el grito insoslayable del hombre frente a la creación. “Hay que pensar – nos dice María Zambrano - que el primer lenguaje tuvo que ser delirio. Milagro verificado en el hombre, anunciación, en el hombre, de la palabra.” Por eso, continúa la autora, el poeta quiere delirar, porque en el delirio la palabra brota en toda su pureza originaria.

Muy al contrario de lo que se piensa, frente a la ambición devastadora del progreso y al insaciable culto por lo efímero de nuestras sociedades modernas, el hombre contemporáneo nunca ha dejado de ser primitivo. Y no lo ha dejado de ser porque ha sabido tender un puente colgante, donde lo sagrado queda indemne del sangriento curso de la Historia, un puente donde, delirio y asombro, se nos develan como la imagen inalterable de nuestra propia naturaleza.

En ese sentido, Airado verbo de Juan José Soto, encarna una decisiva y deslumbrante conciencia del poeta inmerso en un paisaje mutilado por la desolación y la injuria; pero a su vez, hilvana una exquisita sublimación del ser en la llamarada incorpórea de la palabra y en la concreción erótica de la mujer como único refugio frente al caos. Este trayecto, de la desolación a la sublimación, se da a través de los tres apartados que conforman el libro: Multitudinario espejo de sombras, Airado verbo y Galope de Tormentas. De esta forma, Juan José Soto, reinventa una visión rigurosa y original de lo uno frente a lo múltiple, visión encausada ya desde el siglo XIX por los poetas románticos y que el autor asume impecablemente para ofrecernos una postura crítica y caudalosa de la misión vitalista de la poesía en la primera década de nuestro siglo.

Si para Stendhal, la novela debía ser un espejo que paseamos por el camino; en la poesía de Juan José Soto se da una operación curiosa y contraria; es el poeta sin cabeza, héroe decapitado, quien se pasea por el espejo. Así, en Multitudinario espejo de sombras, asistimos a la imagen fragmentada y desalentadora de un universo vuelto esquirlas inquietantes. La primera imagen que inaugura el libro está cargada de una sutil espesura y nos sitúa sin vacilaciones en el encuentro inicial con el dolor y la incertidumbre. El poeta nos dice: “Las pesadas sombras se abren/ La cerrada noche se abre/ El fiero exilio se abre/ Tu voz de sangre/ La mueca de hastío/ Y ruedan sin cabeza / Las vanas horas amándote.”

Desde el comienzo del libro, una imperturbable consistencia onírica va haciendo desfilar imágenes de un páramo espectral y desolado, en la que el tiempo parece estar abolido, expectante; por eso, la plasticidad de Airado Verbo hace pensar en ciertos cuadros de Paul Delvaux, concretamente en aquellos en los que la escenografía está cargada de ambientes oníricos y desdibujados, y con una fuerte predilección por los desnudos femeninos. Aunque en Airado Verbo, la figura femenina sea una intuición constante que no irrumpirá sino hasta el final del libro.

La progresión que sigue Multitudinario espejo de sombras nos va descifrando un itinerario espacial que nos remite a una ciudad consumida por el abandono y el escalofriante despoblamiento del mundo y del ser por una devastación sin precedentes. Todo es, tomando un verso del libro, un Bosque humano de ausencias, y esta degradación no sólo se apodera de lo humano sino que trasciende al terreno de lo divino. Los siguientes versos nos lo hacen visible: Desencadenada gruta de adioses/ De parapléjicos cráneos/ De océano duro/ Despedazados dioses/ De vísceras de abismo.

Ante esta confrontación entre la vulnerabilidad del hombre frente a los parajes hostiles, el yo poético asume su condición infrahumana y nos revela: He dejado de tener Historia/ Vano inquilino de sueños/ De pesadillas recurrentes/ De nombres cifrados/ De muertes súbitas.

El sentimiento de pérdida del mundo implica también la pérdida de sí mismo. La imagen espacial que se logra en este primer apartado nos sume en un inquietante mimetismo con lo infernal, aunque no palpite ningún indicio que nos sitúe directamente en el escenario de lumbres. Y aquí se nos presenta un hallazgo fundamental, frente a la verticalidad de los infiernos, visible en los habituales descensos que hilvanan Dante, Eneas, Pólux u Orfeo, En Multitudinario espejo de sombras no hay descenso infernal sino horizontalidad urbana. El espacio, aunque inmerso en atmósferas oníricas, no deja de ser un espacio terrenal y mundano. De ahí que la poesía de Juan Soto se nos devele como una innovadora exploración de las cavidades terrenales del alma, de los escombros infértiles del ser. Aquí no nos encontramos con personas reconocibles o afecciones del pasado, todo el caos se centra en un anonimato que agudiza la contemplación de un desvanecimiento demográfico, de una sequía de la carne. Y justo, cuando nos hemos embriagado en esta atmósfera de ruinas leprosas, irrumpe, en una noche encendida de caos, la identificación del poeta con el Ángel Caído que, como nos revela el poema número V: Habita los desalmados espejos/ De asesinos en serie.

La ciudad es tomada como un cuerpo en sí mismo, como una sustancia orgánica inyectada de atributos sensoriales en descomposición, detalle que hace pensar en la agudeza sensorial y onírica que nos asfixia sin clemencia en Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont. En Multitudinario espejo de sombras, como lo devela uno de sus poemas, hay un Rotundo olor a nervio/ a carne, una Disección fresca del exilio.

En ese mundo de sombras en el que las identidades humanas han perdido toda reminiscencia con su concreción carnal, la única figura que se salva de las fauces del abismo es la del poeta, la única que puede devolverle la fertilidad a las cenizas, el visionario que puede indagar en el cuerpo bofo de las tinieblas pese a su decapitación, así nos lo demuestran los últimos versos de este primer apartado: Espejo de piedra/ Donde asoma largamente/ El poeta sin cabeza/ Piel de ceniza airada/ contumaz/ Ave fénix del verbo.

El contraste lumínico que logra Juan José Soto entre la transición del primer y al segundo apartado, es de una eficacia contundente. Si en Multitudinario espejo de sombras, la imagen inicial era la de la pesadumbre nocturna, en Airado Verbo tenemos la imagen etérea y luminosa de la poesía como una anunciación frente a la decrepitud: Poesía es una antorcha/ enciende palabras/ Ojos inmóviles/ La ansiosa mirada de la muerte.

Si la aparición redentora de la poesía contamina de forma incendiaria la estética grumosa del paisaje, también contamina sigilosamente el discurso poético. Juan José Soto imprime en el primer poema de Airado Verbo el ritmo cadencioso y cautivador de la letanía. Este hallazgo no es ni por menos aleatorio, sino labrado desde una lucidez rigurosa. De esta forma, el discurso poético se vale del discurso religioso para engarzar una lluvia de imágenes que son la antítesis visual y rítmica del universo fragmentado en el que nos habíamos sumergido anteriormente. La letanía que se desgrana a partir de la imagen propia de la poesía, Encendido rayo cada verso, como nos dice el propio poeta, nos sume en su ritmo impetuoso y redentor:

Ileso amante
del fiero abrazo de las peñas
Obstinado mar en la orilla
Ardiente voz de hoguera
Airado verbo
Turbada sangre
Sótano de caos
De hondura a tientas.

De esta forma, mediante la incursión del discurso religioso en la piel del discurso poético, y de la presencia de la redención en un mundo fracturado, nos viene a la mente la inquebrantable universalidad que embriagó a Novalis y que dejó cristalizada en su gran frase: “La poesía es la religión original de la humanidad”.

De la infertilidad de la materia pasamos a la fertilidad de la palabra, de las imágenes corpóreas de la ciudad devastada, a las visiones deslumbrantes de la poesía redentora. Esta segunda sección, que toma el título propio del libro, Airado Verbo, no es sino la conjuración inminente de la poesía frente al hombre, el sendero evanescente que va trazando las luciérnagas que nos lleven a la sublimación espiritual y carnal. La fragmentación poco a poco va recobrando su unidad, se va integrando gradualmente en el lienzo del libro como un fiero esfumato.

El poeta va recuperando la conciencia y se va situando en una óptica de contradicción y desgarro: Este siglo entero de sangre/ De tardío alumbramiento / Metástasis de sombra/ En la habitación de la palabra/ En sus crispados rincones/ De silencio/ De voces airadas/ De profecía en los desolados muros.

El extravío y la desorientación que se funden en el yo poético al contemplar simultáneamente el dolor, la soledad y el desamparo al que se ve sometido por la Historia, logran un clima de anhelo y desesperación. En medio de tanto despedazamiento hay una constante búsqueda por la trascendencia, por la disolvencia del ser en otro cuerpo. La imagen del poeta como un hombre decapitado sigue estando presente en los versos de Airado Verbo, hay una especie de desquicio y esperpento que bien pueden remitirnos a ciertos cuadros de Goya: sangre colgada y tibias rotas en las manos, desquiciados sanatorios, crecida tiniebla en el rostro, cuencas de agónicos videntes, muerte rozagante a gritos, son algunas de las imágenes que relampaguean en el libro y que pueden emparentarse con algunos detalles pictóricos del pintor español.

Para apaciguar la muerte y el dolor, el poeta intuye una cierta sed de fusión. En el camino a la sublimación, hace falta la concreción de la poesía en el cuerpo femenino, es decir, unir el desdoblamiento de la fertilidad para acallar el sufrimiento de un hombre envenenado en cuerpo y alma por las vicisitudes del devenir: No hay lugar para abrazos entonces/ Sólo el tiempo a dentelladas en un beso/ ese obsceno ardor al pie del abismo/ Vestigio de luz y grito/ entre los restos calcinados de la sombra.

Así, en el tercer y último apartado del libro, Galope de tormentas, irrumpe con grave profusión y delicado erotismo el cuerpo femenino como habitáculo del ser y de la palabra, del refugio y la redención, de lo sagrado y lo trascendente. Frente a la agonía incesante del poeta, frente a su alma infestada de cicatrices provocadas por la crueldad, el acto de nombrar a la mujer, le restituye el vigor esencial de su existencia: "Nora/ Impetuoso latido del amanecer/ Que seduce la integridad de la noche/ Coges la raíz invicta del viento y sus formas/ Entre manos de malvas de luceros.” En otros versos, el poeta ve en el cuerpo femenino el brote virginal capaz de desenhebrar cualquier tentativa de dolor: “Y un galope de tormentas en tu vientre/ Mar de rayos y centellas desafiando el abismo/ Al filo del terco horizonte/ Al borde de todos los cielos.”

Hacia el final del libro, la fertilidad, asociada a la metáfora vegetal, devela al poeta la eternidad destinada a redimir su cuerpo en una ola incesante: “Avezada flor silvestre/ Irrefrenable efervescencia del instinto/ Colmas abismos / De deseo y hondura / De esta humanidad pavorosa/ De grito en llamas/ Ardiendo en mí”. En esta fervorosa invocación de la mujer, Airado Verbo logra confabular el preciado ungüento con el que lavar las heridas devastadoras producidas por la asfixia y el sopor de un mundo consumido por un lamentable desprecio hacia la vida.

Y así, con los 3 apartados de Airado Verbo se cristaliza el trayecto de la desolación a la sublimación, de la fractura a la unidad, de la soledad al encuentro, del silencio a la palabra. En un diálogo crítico con nuestra tradición, Airado Verbo enraiza con singular visceralidad los tres grandes temas del surrealismo: el amor, la libertad y la poesía. Y lo hace desde una postura en la que la conciencia onírica es guiada por la lucidez, para devolvernos la imagen ambigua del hombre, perdido en los páramos de la sinrazón y el abandono.

Airado Verbo es un desafío a las convenciones humanas totalmente empobrecidas por el conformismo espiritual y metafísico de ciertas úlceras sociales, plagadas de muñones de sueños y extensas legiones de dolor. Es una valiente postura poética frente al despiadado belicismo de la humanidad, una pesadilla que deambula entre el sueño y la vigilia. Airado verbo, ventilación de la palabra para repoblar los abismos que consumen nuestra existencia. Airado verbo, es todo este bendito silencio/ una invocación de eternidad.

* Óscar Pirot (Ciudad de México, 1979). Realizó estudios en Comunicación en la Universidad del Valle de México y en la Universidad Europea de Madrid. Ha sido alumno en los talleres de los poetas Antonio Deltoro y Ricardo Yáñez. Ha publicado el libro de poesía Memoria del agua (Editorial Amarillo, 2005). Es fundador y director de la revista de literatura Afelio, de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, donde actualmente estudia la licenciatura en Filología Francesa. Reside en España desde 2002.

miércoles, 1 de abril de 2009

Juan José Soto: "En Perú se sigue editando poesía por el esfuerzo y la voluntad de los poetas"

Periodista Latino presentó Airado verbo (Sol negro editores) del poeta peruano Juan José Soto en Madrid


(Olivia de la Hoz).- Periodista Latino en el marco de las actividades en pro de la cultura y el arte que viene realizando presentó anoche el libro del poeta y periodista peruano Juan José Soto. El acto, reaalizado en la Escuela de Profesional de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid contó con la asistencia de Paul Monzón, Director de nuestro diario online; Mauricio Rojas, Director de la EPIC y de Oscar Pirot, poeta mexicano quien hizo la introducción del poemario "Airado verbo".

Numerosos colegas y poetas se dieron cita en el salón de actos de la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid.

Maurcio Rojas, Director de la EPIC, presentó el acto y haciendo referencia a su experiencia de inmigrante en Suecia señaló: "He leído este libro con mucho entusiasmo. Yo he vivido 35 años fuera de Chile y este libro me ha recordado mucho mis sentimientos, mis emociones que ya con 35 años están bastante lejos". Sobre la labor que viene desempeñando la EPIC agregó "La escuela quiere abrirse como un espacio donde creadores de distinto tipo puedan venir acá a presentar sus obras. Pueden ser españoles, pueden ser inmigrantes".

La presentación extraordinaria que realizó el poeta mexicano Oscar Pirot, de "Airado verbo" la reciente creación literaria de Soto, fue el inicio de una velada que sirvió además de fiesta de despedida del poeta peruano quien en breve retornará a Lima.

Soto, en palabras a Periodista Latino, quiso agradecer la iniciativa de nuestro diario online de organizar y a su vez apoyar actividades de cultura y arte en pro del colectivo latinoamericano en España.

Por su parte, Paul Monzón, director de Periodista Latino agradeció la importante colaboración de Mauricio Rojas, Director de la EPIC y de la ONG Promoviendo para hacer posible este acto.

martes, 20 de enero de 2009

DOS POEMAS INÉDITOS DE JUAN JOSÉ SOTO DESDE MADRID

Poeta español Antonio Ruiz Pascual y Juan José Soto en un recital en Madrid. En la mesa se pueden ver algunos ejemplares de Airado verbo (Sol negro editores).

Soy el hombre
Que camina en un solo pie
En el desfiladero del fuego
O el desquicio de las sombras

Soy tan sólo eso
Un cadáver exhumado
Una planta desollada
Unos ojos desorbitados

No me pidan más por favor
Os lo suplico
Sino llanto a secas
Mi sangre a secas
Mi nombre a secas
Que no dicen nada
Que no nombran nada
En este dolor
Clavado atroz en mi dolor

Si hoy fuera ayer, diría
Soy un hombre
Que desafía la tormenta
En el clímax de este amor
O en el hoyo del estruendo
Pero hoy tan sólo es hoy
Y soy el hombre
Que nombra horrores a mares
Que dice imágenes de naufragio
Las travesías arrancadas de adioses:
Metros y metros de hombres
Exiliados del amor.

***

Este sol
Que abruma de luz
El tiempo de los hombres
Enciende el cuerpo de las sombras
Y sus millones de ojos
Insomnes
Aferrados a mi lengua

lunes, 22 de diciembre de 2008

ENCUESTA LITERARIA 2008 DE LA AGENDA PERUANA DE LITERATURA

Amórfor de Salomón Valderrama y Airado verbo de Juan José Soto, los dos primeros títulos de Sol negro editores, fueron incluidos en la categoría "Mejor poemario de 2008"

Gracias a la Agenda Peruana de Literatura los lectores tenemos una encuesta global sobre los libros del año. Dicha encuesta se realizará desde el 21 de diciembre hasta el 10 de enero, y está dividida por categorías:

1-Mejor novela de 2008
2-Mejor cuentario de 2008
3-Mejor poemario de 2008
4-Mejor antología narrativa de 2008
5-Mejor antología poética de 2008
6-Mejor libro de crónicas de 2008
7-Mejor reedición narrativa de 2008
8-Mejor reedición poética de 2008
9-Mejor libro de ensayo/crítica literaria de 2008
10-Mejor libro de ensayo (Teatro) de 2008
11-Mejor revista literaria de 2008

VOTE AQUI:
http://www.encuestaliteraria2008.blogspot.com/

jueves, 6 de noviembre de 2008

TRES POEMARIOS RECIENTES POR VÍCTOR CORAL


Amórfor (Sol negro editores, 2008), de Salomón Valderrama; Airado verbo (Sol negro editores, 2008), de Juan José Soto, y Ombligo de Ángel (Pájaro de fuego, 2008), de José Cabrera. Tres lenguajes distintos y en formación, tres exploraciones diversas en la multiplicidad de lo Real, tres posturas, en algún modo paralelas, en torno a la poesía: perfil bajo, dedicación plena, trabajo con el verso, cierto énfasis en el tono y despreocupación crónica por la respuesta mediática -sea en medios escritos o en blogs- a su trabajo. La poesía goza de buena salud en el Perú. No se dejen engañar.

AIRADO VERBO DE JUAN JOSÉ SOTO: VERSOS METAFÍSICOS POR TOMACINI SINCHE LÓPEZ*

En primer plano Nora Alarcón, Raúl Zurita y Juan José Soto tomando unas cervezas en un bar madrileño

El poemario Airado verbo es la cuarta producción poética del vate Juan José Soto (Lima, 1965) y una de las primeras producciones del joven sello Sol Negro Editores, dirigido por el poeta Paul Guillén. “Poesía es una antorcha/ Enciende palabras/ Ojos inmóviles/ La ansiosa mirada de la muerte”, recita Soto en uno de sus mejores pasajes. Así, Airado verbo confronta al lector y se bate a duelo con la racionalidad, para salir más que airado en esa eterna lucha humanizadora que es la poesía.

*Publicado el domingo 28 de septiembre de 2008 en la Sección "Escaparate" del diario Expreso.

miércoles, 29 de octubre de 2008

AIRADO VERBO POR EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA

Miguel Ildefonso, Juan José Soto, Nora Alarcón, Eduardo Gonzáles Viaña y Manuel González Olaechea, Agregado Cultural del Perú en España

Airado verbo (Sol negro editores, 2008) es poesía temible. La recorre una sensación de caminar descalzo por el infierno. Sombras, presagios, dioses despedazados, entierros, ausencias, todo conduce a una obsesionada confrontación con el sentido de la vida. La buena poesía -y ésta lo es- es siempre fruto de obsesiones. La ilustración de Yulino [Dávila], así como las otras que le he conocido, expresa exactamente lo mismo que el libro. Yulino es un poeta que, al desbordar la palabra, se vale de todo lo que tiene a la mano, la línea, el color, una recia actitud de vida.

Felicitaciones y gracias a los dos…

Pueden visitar El Correo de Salem de Eduardo González Viaña

lunes, 22 de septiembre de 2008

Multitudinario Verbo: sobre Airado verbo de Juan José Soto* por Johnny Barbieri

En “Airado Verbo”, cuarto poemario de Juan José soto, se observa primero la pretensión por una construcción verbal que sea poética en todo su sentido. La palabra pareciera estar contenida en esa lucha por crear denotaciones cada vez más significativas.

Los poemas que se presentan construidos bajo la estructura de la lírica moderna, presentan cierto aire de hermetismo que por momentos se hace ininteligible, pero configuran cuerpos que ganan a la contemplación del lector. Siguiendo sus libros anteriores, sobre todo Palabra sobre los abismos, Soto, se ha avocado a hurgar en la palabra esa intención de decir más de lo que se insinúa, busca sugerir, suscitar desde la palabra misma sin que ella sea doblegada por una mecánica superposición de ornamentos retóricos, sino por ese amor a las mismas palabras que debe tener todo gran creador, y es así como lo vemos en este su nuevo poemario.

En la primera sección de este libro, Multitudinario espejo de sombras, se presenta dos ideas concretas, por un lado la representación de abundancia y continuidad, que por momentos parece llevarnos a un estado de fertilización inagotable de imágenes, que como frente a un espejo se están repitiendo intencionadamente y, por otro lado, la representación de lo oscuro que se expresa a través de sombras, muertes, caos, noches, silencios, abismos, exilios, etc, no con un sentido de auto destrucción, sino de un estado de paso hacia la luz o mas bien del paso hacia la voz más airada, “Multitudinario espejo de sombras / de vacío rostro / de muelle exhausto / de quieta roca / que conturba la mirada”.

La segunda sección, que le da nombre al libro, Airado verbo, pareciera un bloque de encendida palabra, la pretensión estética más acuciosa, el verbo es una antorcha, al menos pretende serla, que le da iluminación a esa continuidad de sombras que se ha planteado en la primera parte del libro. Pero esta iluminación es hecha a destellos, a dentelladas, a golpes, a rupturas; se pretende quebrar el verbo que hasta ese momento se ha venido complaciente en todo sentido: Ardiente voz de hoguera / airado verbo / turbada sangre o en horda abatida por el golpe de un verso / aunque luego acometan / Rayos escondidos entre los árboles / los ojos grandes de la furia / la muerte rozagante a gritos.



El poeta ha logrado, a estas alturas, un constructo que sólo es concebido como relación de continuidad progresiva: de la oscuridad a la luz, del ornamento a la consistencia, de la aflicción a lo exultante, de la voz evadida al airado verbo.

La tercera y última parte, Galope de tormentas, que consta apenas de tres poemas, pareciera que la intención del autor es galopar, efectivamente, sobre esa anchurosa extensión que es la palabra revestido, en este caso, de un verbo enfurecido, pero sin embargo aquel galope que se presupone desbocado, encabritado logra un trote de lo más contemplativo y gustoso a la vista. El amor atenúa la fuerza impetuosa y lo vuelve más encarnecida, incluso diría yo, más vital. El poema XVII es el más representativo, hubiéramos deseado otros poemas bajo este mismo formato, quizás estaríamos hablando de una tercera parte que no sea ni sombra multitudinaria, ni luz enceguecedora, sino verbo rozagante, pleno en el sentido completo de la palabra. Aun así, Soto, logra concretar un tercer momento del libro que es más carne que verbo enrarecido: Nora / impetuoso latido del amanecer / que seduce la integridad de la noche / coges la raíz invicta del viento y sus formas / entre manos de malvas de luceros / agitas la quietud de los recodos / y la sangre imperturbable del guerrero.

Juan José Soto, con este poemario, afirma aquella búsqueda apasionada, de los poetas del 90, por desarrollar un lenguaje libre de coloquialismos insulsos; ese hallar la esencia de la poesía en lo más profundo de uno mismo. Teniendo en cuenta las palabras de Paz: “A estas alturas, después de más de dos milenios de especulaciones estéticas, de Aristóteles a Heidegger, padecemos una suerte de mareo filosófico y nadie sabe ya a ciencia cierta qué significa realmente la poesía”. Lo que gana en este libro es esa imperturbable búsqueda, que brota de lo más hondo como los latidos y que aún cerrados los ojos reconocemos la magia del verbo, que Soto lo tiene muy claro, ese verbo que sólo es concebido como poesía.

* Texto leído en la presentación del poemario “Airado verbo” de Juan José Soto, en el Centro Cultural CAFAE-SE "José María Arguedas, Lima, el día 4 de setiembre de 2008)

ENTRE LA VÍSCERA Y EL ESPÍRITU* por Víctor Coral


Poesía es una antorcha/ Enciende palabras/ Ojos inmóviles/ La ansiosa mirada de la muerte

Está muy difundido el pensar la poesía como una suerte de refugio ante la vulgaridad extendida y celebrada de la sociedad moderna. Una suerte de reducto donde lo sutil, lo espiritual y lo genuino encuentran un lugar donde florecer libres de la lluvia nuclear de lo feo y lo innoble. La poesía ilumina pero, ¿qué deja ver? Las entrañas del poeta, sus miserias y miserabilidades, que son el reverso exacto de la monstruosidad del entorno sistémico. Pero la poesía también enciende a las palabras, las encamina, las potencia. Esa la labor esencial, su sino. Sin poesía no hay palabra posible, es más, sin poesía no hay comunicación, porque la comunicación de lo incomunicable es el único objetivo auténtico del poeta, y esa comunicación solo la poesía la puede asegurar, a veces.

Y claro, para ver las tenebrosidades de lo inefable hay que tener los ojos inmóviles, que no es lo mismo que tenerlos yertos o apagados. Ojos inmóviles para captar en el momento preciso el ramalazo de luz que anuncie nuestra redención, ojos abiertos y fijos para ampliar lo real, para desmenuzarlo hasta palpar, como en el fondo de un pantano, un objeto novísimo, inédito, la diosa ambarina que anuncie las bodas de la fijeza con lo trascendente (Lezama dixit), para registrarlo, para celebrarlo, para serlo.

Y la ansiosa mirada de la muerte... a estas alturas solo la poesía nos enfrenta, cuando quiere, a la muerte, a la experiencia más importante de la vida, y ello tiene que sonar contradictorio porque las grandes verdades parecen siempre contradictorias, porque la vida misma es una contradicción que debemos superar, ¿mediante qué? Mediante la muerte. Pero hablo aquí de una muerte plena, de una conquista, de la muerte propia rilkeana. La muerte que es producto de una sucesión intensa de muertes previas. Porque nada es fácil y hay que morir muchas veces para conquistar tu propia muerte: morir para la imagen fútil, para el vociferío torpe, para la ambición estéril; pero no para la palabra, para el saber, para la poesía, porque son esos los desequilibrados pasadizos que al paraíso, de una buena muerte, nos llevan, si a algún lugar van.

Y este cuerpo harto en la intemperie/ Granizada de precipitado beso/ Al otro lado del reino

Y claro, está lo del cuerpo, el ancla inevitable de todo desvarío, el lastre que sofrena nuestro ascenso, el medio que se opone a cualquier fin supremo. El cuerpo, el cuerpo, siempre recomenzado. El que nos empuja, en la juventud, a la experiencia por la experiencia misma, a la exploración de los límites y de los excesos, para después tarde o temprano, meternos el puñal de sus dolencias, de sus traiciones y cangrejos, la factura ominosa que no respeta al poeta ni a sus perros ni a sus cenizas, que lo quiere convertir en un NN. Ese cuerpo exhausto, extenuado, que en un momento repudia la intemperie y pide vivir en el sosiego de una dignidad. Ese cuerpo animal que, domesticado siempre tarde, nos permitirá, si acaso, otear el otro lado del reino de la necesidad a que nos tiene confinado desde el nacimiento. Y ya con ese oteo es suficiente, pues no es oficio ni target de la poesía salvar al individuo o al mundo, sino decirle que hay algo más allá de este mundo suciamente manifestado, al otro lado del reino y que nos espera siempre y cuando hagamos algo por acercarnos a él. Hay poesía de este lado del reino y del otro. Yo quiero establecer el carácter axial, de axis mundi de la poesía de Soto: es un puente verbal entre las determinaciones de la víscera y las ambiciones del espíritu. Esa es su libertad y su singularidad. Ese, su brillo.

* Texto leído el 4 de septiembre de 2008 en el CAFAE- José Maria Arguedas con motivo de la presentación de “Airado verbo”.

LAS TRES ESTACIONES DEL ESPANTO O BREVE VISIÓN DE AIRADO VERBO DE JUAN JOSÉ SOTO POR FELICIANO MEJÍA

JUAN JOSÉ SOTO
AIRADO VERBO
LIMA: SOL NEGRO EDITORES,
2008. 52 pp.

Si esperas, amable lector, un libro complaciente para satisfacción de tus sentidos y el placer de la lectura, te aconsejo que no abras este poemario. Aquí no encontrarás paz ni confort. Sólo una batalla encarnizada contra el espanto.

PRIMERA

Ya en los primeros versos, en una Primera Estación, se anuncia lo que será el meollo de este trabajo: un combate sin tregua entre la crisis existencial del hombre, sus carencias y caídas, del paso vacío del tiempo; y la dilacerada conciencia de haber entrado en el arcano de la destrucción (¿precario peldaño de la transición?), lugar donde no existe luz ni bocanada de aire en la “calle frágil del ser”.

Los primeros poemas nos confrontan al incisivo recorrido en lo más oscuro y doloroso del ser humano. Como con un escalpelo, Juan José Soto, ausculta el Ser de carne y hueso y el Ser espiritual del Hombre, caminando a tientas hacia la aniquilación sin remedio.

Así, somos testigos de su desencanto ante la realidad cotidiana, sintiéndose un transeúnte errante de la vida y sus implicancias, premunido de una conciencia que se hace un pozo depositario de un pasado reciente, de total insatisfacción, en las márgenes del sin sentido: la esencia del espanto. El poeta se siente depositario de la muerte en el seno de la vida y, a la vez, la voz testimonial de los caídos en el insondable mar del caos, de las sombras y su correlato de silencio, del caminar en el mundo –tránsito de fantasma de humo y carne- re/sentido como un desierto trasegado de ríos de dolor existencial que no se mitigan. Transido de este malsano sentir, de esta visión oscura, ni la palabra puede ser una mano salvadora; porque el hombre y su conciencia óntica son aprehendidos como Otro en el exilio.

Frente a ello, el poeta hace un inventario inmisericorde, dantesco, minucioso del desasimiento y del no-ser-siendo; pero logra una bocanada de aire en el quehacer del arte. Como hesitando se dice: “Ave fénix del verbo”.

Así termina la Primera Estación de este poemario, sin darnos un respiro ante el dolor total del no ser.

SEGUNDA

Pero el escritor reacciona, hace un puente de auxilio en este “Airado verbo”…, la segunda parte del poemario y nos ofrece una primera piedra de luz y nos dice: “poesía es una antorcha”. Frente a la vorágine de la realidad hostil y la visión del mundo como lo más negativo del ser, nos presenta, como atisbo, otra faceta de la vida: la de la lucha encarnizada contra la aniquilación. Entonces podemos sentir las armas ocultas del poeta: la palabra como bajel seguro para atravesar el mar de tormenta aniquiladora de la vida, el poema y el poemario. La palabra, ella es la clave para acceder a vislumbrar un posible futuro en esa misma vida, pero premunida del amor. Ella, la palabra, es una “llave maestra” para abrir los resquicios de la negación de la muerte. Con la adarga del verso, hay una posibilidad de salvación, pero a través del amor. Hecho este descubrimiento, el poeta siente haber atravesado las riberas del espanto y puede decirnos: allá “Babel aúlla sordamente en las calles”. Aún la hecatombe humana subsiste, pero él, en tanto conciencia que se siente, ha dado un paso hacia la vida plena. Continua en su sentir, con la persistencia de lo indeleble, el horror, que Juan José Soto grafica en abigarradas enumeraciones surrealistas o paralelo escritural a lo plástico de un Hieronymus van Aken o Jérôme Bosch; pero la palabra, el verbo está (nos lleva) “a salvo de los desquiciados sanatorios” y su “breve reino del hombre”.

TERCERA

Esta Segunda Estación no ha variado la visión oscura del mundo y del hombre como caos redivivo y dolor sin fronteras. Pero se vislumbra ya, como pequeñas nubes esporádicas, una posible salvación, que nos conduce a la Tercera y más breve Estación postrera: la del “Galope de tormentas….”, donde la voz que hasta ahora nos ha conducido por estos caminos de infierno óntico, se serena, y reajusta un balance entre lo vivido como pasión dolorida y locura, como recuerdo amargo de un vacío, y este “mar de rayos y centellas desafiando el abismo / al borde del terco horizonte / al borde de todos los cielos”.

El poemario se acaba con una persistente y soterrada apuesta por la vida, por el ser, dándonos la “invicta raíz del viento”, a través de la “sangre imperturbable del guerrero”, “bramando sin fin”.

Volteada la última página, uno se da cuenta que ha participado en un combate inmisericorde entre el vacío y la vida, entre el desamor y amor, entre lo oscuro y la luz. Y de ese combate nos queda un repertorio de ideas y de imágenes fulgurantes que nos enriquecen. Podemos no estar conformes con ese rescoldo amargo que nos deja esa lucha, pero no podemos ser indiferentes a esta lucha de un autor y las zonas más profundas de lo humano.

CODA

Aquí, pues, este poemario de paradójicos textos que, sumiéndonos al fondo de la herida –sin correlato con la cotidianidad de un peruano en el Perú–, nos insuflan un entusiasmo y ganas de vivir, en tanto, peruanos de hoy inmersos en una realidad dilacerada.

El tratamiento textual es de notable factura propio de quien domina el idioma y los recursos del arte de poetizar con dominio del discurso soterrado del automatismo controlado.

Airado verbo, de Juan José Soto, es todo esto y mucho más.

¡Evohé!

PRESENTACIÓN DE AIRADO VERBO

MÁS SOBRE AIRADO VERBO

Algunos links sobre Airado verbo en la prensa internacional:

DIARIO ÉPOCA (ARGENTINA)
DIARIO LA REPÚBLICA (ARGENTINA)
TRIPLOV (PORTUGAL)
LITERATÚRAME (ESPAÑA)
REVISTA LITERARIA AZUL ARTE (CHILE)
PROYECTO PATRIMONIO (CHILE)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

AIRADO VERBO DESPUÉS DE LA PRESENTACIÓN EN EL SUPERBA

Wilber Moreno, Diego Lazarte, Fernando Carrasco, Carlos Rengifo, Juan José Soto, Víctor Coral, José Pancorvo, entre los que logro divisar

PRESENTACIÓN DE AIRADO VERBO DE JUAN JOSÉ SOTO EN EL CAFAE

Johnny Barbieri, Rodolfo Ybarra, Juan José Soto, José Pancorvo y Víctor Coral

martes, 2 de septiembre de 2008

SOLNEGROTOTAL

Juan José Soto, autor de Airado Verbo, primer título de Sol negro; Paul Guillén, director de Sol negro editores y Salomón Valderrama, autor de Amórfor, segundo título de Sol negro.

viernes, 29 de agosto de 2008

PALABRAS DE INVITACIÓN: AIRADO VERBO DE JUAN JOSÉ SOTO


Estimados amigos, el 4 de setiembre en el Centro Cultural CAFAE – SE “José María Arguedas” (Auditorio 3 piso) Av. Arequipa 2985 – San Isidro a las 7:30 p.m. no sólo se presentará mi poemario Airado verbo, sino también el sello Sol negro editores del poeta Paul Guillén. Asimismo, dicho evento será la antesala de mi viaje a Madrid (España) por tiempo indefinido.

Será ocasión de renovar la amistad y el brindis franco con los amigos de ruta. Los espero fraternalmente.

Para ver en detalle la información, hacer clic en la imagen.

PRESENTACIÓN DE AIRADO VERBO DE JUAN JOSÉ SOTO

“Sol Negro Editores” tiene el agrado de invitarle a la presentación del poemario Airado verbo de Juan José Soto:

La presentación estará a cargo de los poetas José Pancorvo, Johnny Barbieri, Rodolfo Ybarra y Víctor Coral.

Modera: Paul Guillén, editor de “Sol negro editores”.

Música: Enrique Ortiz

Día: jueves 4 de setiembre de 2008

Hora: 7: 30 p.m.

Lugar: Centro Cultural CAFAE – SE “José María Arguedas” (Auditorio 3 piso)
Av. Arequipa 2985 –San Isidro
INGRESO LIBRE


Se invita a los amigos de Juan José Soto a compartir este evento-despedida, antesala de su viaje a Madrid (España) el 8 de septiembre.

Sobre el autor:

Juan José Soto
(Lima, 1965) Poeta barranquino, autor de los poemarios Cárcel de mi ojo (1994), Morada Diosa (1997), Palabra sobre los abismos (2005) y Airado verbo (2008). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de San Martín de Porres y ha seguido una Maestría en Periodismo. Dirigió la agenda cultural Itinerario de la palabra (2005-2007). Actualmente administra la bitácora virtual de difusión literaria Surfeando en la Red: http://superavefenix.blogspot.com/


Sobre el libro:

“Juan José Soto nos entrega su airado verbo. Airado: erguido como un impetuoso latido del amanecer. Dispuesto, entonces, a alcanzar aquella palabra que se rebele y revele así la plenitud posible. Que recupere lo digno frente a la indignidad de la febril orilla de osamentas como único paisaje”.

Luis Fernando Chueca

“Pepe Soto siempre se ha caracterizado por una poesía cuasi exclamativa con versos medidos y precisos, nunca pierde la musicalidad y no desentona, ni aún cuando el discurso así lo exija; ya en sus libros anteriores ha mostrado tener oficio, manejo versicular e impronta imaginativa”

Rodolfo Ybarra

“Estos poemas son una lucha por la poesía que respiramos todos los días: imágenes oníricas, actitud órfica frente al lenguaje y el dolor como una iteración constante”.

Paul Guillén

Juan Soto ha dado un paso más en su onda pendular entre la materialidad (las pasiones, los instintos, los cauces históricos veladamente tratados, etc.) y lo metafísico (sus indagaciones, digamos, en lo suprasensorial), y su poesía se ha concentrado en los más finos sonidos de su lira.

Miguel Ildefonso

“toda su poesía está animada por una honda pasión que lo lleva a depurar los detritus de un eclipse como el que lo conmueve, porque su voz está impregnada de la urgente necesidad del amor.”

Oscar Portela (Argentina)


“El tratamiento textual es de notable factura propio de quien domina el idioma y los recursos del arte de poetizar con dominio del discurso soterrado del automatismo controlado”.

Feliciano Mejía

“Creo que Soto comprende y ejerce ya desde esa comprensión su “oficio sombrío”, el axioma quizá fundamental de la poesía occidental: que la poesía no tiene temas, sino que demuestra las capacidades propias del género aquel autor capaz de reunir, en algunos versos, por alusión o elusión, la suma de todos los temas. Ese aleph que brilla en las palabras y que Soto encontró”

Luis Benítez (Argentina)

“La fragilidad del ser, la herrumbrosa vulnerabilidad de los dioses en lejano exilio, el abismo sempiterno tentándote desde las simas del tempestuoso espíritu nómada y reticente a verdades dogmáticas e inconmovibles se enseñorea de no pocas páginas de este memorable poemario”.

Rafael Rattia (Venezuela)

sábado, 23 de agosto de 2008

SOTO DE POEMAS POR RODOLFO YBARRA

Conocí a Juan José Soto a principios de los años noventa, no sé exactamente el lugar, pero podría haber sido en el local de “Mammalia” ubicado en la calle Dintilac en San Miguel, ahí donde Santiago Risso organizaba los primeros recitales que irían nucleando, como abejas alrededor de la flor, a todos los bardos de la recién inaugurada “generación del noventa” (la generación del oprobio y de los zarpazos de un tirano que marcó con hierro candente el rostro poético de los adolescentes de aquella época). O quizás fue en uno de esos recitales en la Universidad Inca Garcilazo de la Vega, o en San Marcos, o quizás en la difunta ANEA del jirón Puno 421, en uno de esos recitales que organizaba –y organiza aún, pero en otro lar- Juan Benavente. Y es que el poeta, profesor y traductor siempre ha estado en todos los lugares donde debía de estar, siempre fue uno de los animadores vitales y locuaz conversador (bohemian writers), es por eso que, de repente, Soto sea en esta coordenada histórica uno de los miembros más silenciosos (sin ser tímido, ni manejar un perfil bajo), y uno de los poetas más sui géneris de mi magullada generación, alejado de los flashes y de la comidilla literaria. No obstante su poética vocifera belleza y no guarda la verdad para sí misma, la entrega a borbotones como una vena cortada con un pico de botella, como un pozo de petróleo recién descubierto aherrojando la materia orgánica guardada en la panza de la tierra miles de años como el conocimiento, el logos, la hybris (en el sentido de confianza en uno mismo, más no desmesura; opuestamente hay una “contracción”, una quintaesencia quimérica y compacta en los poemas de Soto) y que dará luz y energía a lo cotidiano: Muñones de sueños/ Como fragmentos de Historia/ Refleja la voz/ Desangrado silencio/ Colgado en la mirada / Manzana atravesada de espejo/ De impecable muerte/ Voraz en la garganta/ Omnipresente sombra/ Todo terreno/ En la ausencia del ojo/ Espejo de piedra/ Donde asoma largamente/ El poeta sin cabeza/ Piel de ceniza airada/ contumaz/ Ave fénix del verbo.

Pepe Soto siempre se ha caracterizado por una poesía cuasi exclamativa con versos medidos y precisos, nunca pierde la musicalidad y no desentona, ni aún cuando el discurso así lo exija; ya en sus libros anteriores [“Cárcel de mi ojo”, (1994), “Morada Diosa” (1997) y “Palabra sobre los abismos” (2005)] ha mostrado tener oficio, manejo versicular e impronta imaginativa, ni qué decir de su perseverancia puesta a prueba todos estos años, tiempo que ha ido forjando un estilo del versolibrismo con tendencia al enunciado milimétrico y que nos hace recordar al buen Eguren, al de “Simbólicas” y de “La Canción de las figuras”; al César Moro de “La Tortuga Ecuestre”, “Amourt a mòrt; al Eielson de “Mutatis Mutandis”. Se puede apreciar también que hay un elemento extraño cuyo origen –podemos aventurarnos- se pueden rastrear en escritores como Roberto Juarroz y su “Poesía Vertical”, sobre todo cuando el maestro dice en su decimotercera versión: “Desconocer que el río es una espada/ y que las cosas sueñan sueños propios,/ es ignorar que aquí,/ junto a nuestra mirada,/ existe otra: la mirada recóndita del mundo.// Cuando se la descubre,/ la vida se da vuelta como un guante/ que devuelve la mano que encerraba/ y el tacto liberado/ toca por vez primera cuanto existe.// La realidad es un tiempo doblado/ que es preciso desdoblar como una tela/ de singular delicadeza/ para encontrar adentro/ otra mano que aguarda. Como alguien dijo: la buena poesía tiene que tener el olor y la “dimensión” de los grandes, tiene que guardar un eclecticismo que a la vez que lo encumbre a la ataraxia del parnaso y no le deje deudas o facturaciones posteriores. La buena poesía se paga al contado y no a plazos; o emociona, convence y redime a la primera, o simplemente se mimetiza en el proceso histórico literario y pasa a mejor vida en el erebo-parnaso. Pepe Soto sabe de esto y se cuida de caer en los lugares comunes, trata de seguir un camino diferente y logra la trocha no carrozable, no el de la línea recta, sí el de las líneas geodésicas; por ello, cierto surrealismo aromatiza como una menta o un eucalipto cada verso ejercido.

La poesía de este libro, de por sí, reclama la atención de la crítica literaria comprometida con el buen gusto y la creatio, por ello el buen lector, in estricto, el buen lector de poesía tiene en “Airado Verbo” un buen manojo de poemas para olerlos, leerlos, palparlos y dejarlos a la luz de la luna o de las velas (no es ésta acaso la mejor forma de leer poesía) para que el tempus vivendis haga con ellas lo mismo que con el buen vino.

En estos tiempos seculares, tiempos de dinosaurios redivivos y de sicofantes atrabiliarios, es bueno que existan poetas que todavía le cantan al amor, por más que éste se haya perdido o se encuentre secuestrado por los malos modales; poetas que le cantan a la vida por más que todo este inyectado por una ociosidad tanática y estéril, un sarcoma de negatividad; poetas que le cantan a la paz por más que los tambores de la guerra y las marchas belicistas retumben en los oídos y nos empujen al enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Deseo a Pepe Soto (apellido del latin saltus, bosque) que, estos, sus poemas caigan en tierra fecunda y se haga semilla y planta de un tiempo nuevo y por venir, sé que él no es un starsystem y que su búsqueda es sincera y transparente, leyendo sus poemas no habría forma de dudarlo y como dijo Pablo, el arrepentido Saulo, “El Apóstol de los Gentiles” a sus hermanos Corintios, Efesios, colosenses, tesalonicenses: yo también te bendigo.