martes, 20 de abril de 2010

La mente reposa, se disloca y se tranquiliza ebria: Teoría de los cambios de Enrique Verástegui por Salomón Valderrama

La materia es dura, / la materia es indestructible: / por lo tanto / la materia es incomprensiva, / la materia / es cruel.
‘La cabeza contra el muro: Conclusión filosófica moral’, en Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas, 1969).
Roque Dalton

Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática; experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos. (…) Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.
‘Método de composición’: Hacia El cuervo, símbolo del recuerdo fúnebre y eterno.
Edgar Allan Poe


Después del conocimiento parece que la mente reposa, se disloca y se tranquiliza ebria. Parece ceremonial su gran quehacer. Porque la mente arguye la revolución en élla se erige por su saber que inevitable libera, empieza a perfumar otros sonidos, otras formas, otros métodos. La mente en su equilibrio de humanidad regala salidas, fugas rápidas, instantáneas al hombre preparado, puro para recepcionar un nuevo sentido catapultado, un nuevo saber trazado en las cuerdas, en los latidos luminosos del hombre libre que las pergeña como grandes huellas delicadas hasta su propio peligro. El creer, el licor, la ebriedad de creer en lo trazado propio. En la locura propia. Pero bañada, ebria de hermosura: en la cuestión de fe. Más allá de lo planificado, más allá de lo medido en la pre-claridad. Lo dicho en signo atrapado parece escaparse y estar vivo como un fuego secreto que se acrecienta con cada lectura. El signo arde, su poder parece siniestro pero perfuma, quiere hablar de música lejana, se divierte, le preocupa al gran amigo prisionero del mundo. La serenidad evidente del poeta nos engaña porque él eleva, construye, causa la revolución. Ese delicado aroma del limonero nos sobrecoge en revelación: El azahar perfuma intensamente el universo (‘Sobre La Revolución’).

Hay dos clases de cantos, los que predicen lo que aún no ha llegado y parecen levantar un siglo futuro, encontrando el nuevo quehacer del hombre vulgar. Hay otros menos arriesgados que le cantan a la filosofía que pasó con el árbol frondoso de las frutas que ya maduras brillan o podridas se precipitan en búsqueda de los suelos, formando parte de la diversidad del mundo. Los dones fabulosos que nos enfrentan solitarios. Una mente que clasifica mentes: que desata una hacia la felicidad. La filosofía profetiza felicidad a los hombres, / pero el hombre vulgar sufre. (‘Philosophy’).

El hombre y su invención intenta, es su juego, aliviar el destino del hombre, otorgarles facultades y potencial para realizar deseos y poder caminar redondo, perfecto, exuberante como el mundo. En la flor de fuego y de agua, de contradicción, de hermosura. Renovando o combatiendo la poderosa obscuridad, perfeccionando la luz y el día: Todo −lógica, matemáticas, ciencia- es tu cuerpo, / esa razón práctica de Kant, que Hegel, / en nombre del Estado, contradice. / El Estado es superfluo, y Hegel un patán. / El imperativo categórico es orgasmo, es felicidad (‘Philosophy’). Contradicción que nos eleva y deforma provocando la risa sublimizada, la más peligrosa risa, tal lo discernía Emilio Adolfo Westphalen: −yo propondría colocar una bella reproducción fotográfica del número 69, en lugar de la imagen del Corazón de Jesús, en todos los hogares, como ejemplo gráfico de la superación dialéctica de la contradicción lógica− sonríen al recordar las leyes de la naturaleza que les enseñaron en la escuela y sonríen también al recordar la mirada mucosa, que realmente parecía salir más bien de la nariz y no de los ojos, del cura que agitaba sus orejas de elefante oyéndoles acusarse tímidamente de «malos pensamientos». ‘Detrás del telón’, en Cuál es la risa (Editorial Auqui, Barcelona, 1989, imprenta artesanal de Vladimir Herrera); edición no consentida por el autor.

Se asocia la perfección verso con verso apareado, el poema se cruza de sabiduría que embelleció instantáneamente; la belleza del uno se reparte, se multiplica en la belleza de la amada, de las delicias de la vida. El Bosco es producido para asociar muchas artes que en la mente se trazan haciendo El jardín de las delicias, pero no ése, de la tortura en el poder de los sentidos, en este jardín se ceremonia una alegría en equilibrio para evitar la desesperación: se habla de la juventud, de la rebeldía que en ésta se eleva pájaro deformado en constelación, como una purificación del mundo, se asocia juventud con libertad sagrada, un ensayo para reportar la vida adulta, grave, mayor, parece que la consolidación de algún pensamiento también es condena porque se convierte en imposición, por su capacidad invasiva y por lo tanto llena de poder. Para la juventud es no-verdad, atrevimiento, tiene que ver con el espíritu colorido, poderoso, amenazante, bañado de final, de féretro se descuelga: Cabalgar en campo traviesa con una espada / desenvainada / parece ser un ejercicio de juventud. (‘II, Epistemology by Tv’). Al mismo tiempo se habla de una contra juventud en el sentido de ensayar para aprender. El joven es impulso, grito, brío y muchas veces, como dice el poeta: comete errores siempre. Es el precio de la juventud, pero sin élla no hay maravilla, no hay resquicio alucinante, no hay viaje. En este punto, alejarse de la juventud es morir. El poeta Enrique Verástegui, acepta esto y brilla por joven, en plenitud, resplandece, cambia de color, levita, ensaya un sacrificio angelical que siembra conocimiento cuya imagen proyecta peligros, peligros en el sentido de creación. Se elevan los fantasmas, se materializan en monstruosidades, deformaciones que perfeccionan el mundo. Y que hacen devotos sí, de la libertad, de la soledad, del poeta. Porque el genio es un loco, es un dios cuya fuerte imagen se funda en la soledad del delirio, explosión floral: Déjenme así extraño y solitario. / Oh por favor déjenme florecer. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’).

La imagen del poeta se renueva constantemente, la vitalidad lo persigue, porque es joven (otra vez) se revela y crea lo extraño, lo fantástico: Paso mis tardes de domingo / leyendo a Sologuren. / El está viejo y yo soy joven aún. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Dice en el sentido reposado, calmado, sin embargo dice viejo del poeta pensador Javier Sologuren, en relación al poeta caminante rebelde, fresco, con el arma desenfundada, dispuesto a matar o a orinar, con las axilas sucias, niño, que atrevido se arriesga fulminante, fruición, en Monte de Goce (o libro del pecado) (Jaime Campodónico Editor, Lima, 1991), libro de la exacerbación sexual. A decir del poeta Paul Guillén: en el caso de Enrique Verástegui y otros integrantes de Hora zero como Juan Ramírez Ruiz (Vida perpetua, 1978) o José Cerna (Ruda, 1998)− se presta más importancia a la composición espacial, descendiente de Mallarmé, Apollinaire o los concretistas brasileños, pero, sobre todo, con mayor influencia del estructuralismo y la aplicación de las matemáticas a la poesía (llamada “poesía combinatoria”). Es así como este procedimiento se amolda al concepto de Roland Barthes sobre el rol decisivo del lector como modelizador de lectura-escritura, es decir, como un autor potencial, siguiendo la premisa de Lautréamont de que la poesía debe ser hecha por todos, no por uno (recordemos la famosa premisa barthesiana: el comienzo de la escritura es la muerte del autor). Otro aspecto, que nos interesaría remarcar es que el concepto de reescritura propuesto por Barthes se encuentra interrelacionado a una práctica barroca, en el sentido de la repetición, el exceso, el detalle, el fragmento, la inestabilidad, la metamorfosis, el desorden, el caos, la complejidad, la disolución, la distorsión. (‘Lo a-natural y lo perverso en Monte de Goce de Enrique Verástegui’. Casa de citas, número 4. Lima, 2007).

Se experimenta la contradicción al límite, es evidente y hace rica a esta poesía iniciada con En los extramuros del mundo (Carlos Milla Batres Editores, Lima, 1971), que se corresponde con la vida, con la presencia múltiple del hombre. El poeta sabe de los ensayos de la filosofía y su cinética constante, en su perfeccionamiento como lo vislumbra Alejo Carpentier, hacia la mayor riqueza americana: Hay todavía demasiados “adolescentes que hallan placer en violar los cadáveres de hermosas mujeres recién muertas” (Lautréamont), sin advertir que lo maravilloso estaría en violarlas vivas. Pero es que muchos se olvidan, con disfrazarse de magos a poco costo, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro) de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”. ‘De lo real maravilloso americano’, en Tientos y diferencias (Editorial Arca, Montevideo, 1967). El poeta sabe que toda explicación es atrasada por otra que luego, a su vez, se olvida, y por eso dice: ¿Cuándo brotará una mente genial que explique el mundo, / Analizando el pecado como quien desarma un / automóvil, / Participe en la redención para liberar a su pueblo, / Y penetre en la virtud para armonizar / Mente, cuerpo, y espíritu / En el capítulo del conocimiento? (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Le reclama a la ciencia, el avance físico materializable del hombre, su atraso, ya que élla es lenta en relación a las dificultades del mundo. Ya que cuando se cura un problema, una enfermedad, siempre hay otra que se levanta o la misma que muta o también se perfecciona (círculo, círculo, sueño, esfera, esfera, otros sonidos levantan). Parece un circuito eterno. Pero la vida es una y es corta, entonces dice: Cada día me deterioro más / La ciencia, en pañales todavía, / No vino en mi apoyo. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). No obstante, el poeta cree en élla y por eso le reclama, y a pesar de la creencia, la ciencia alivia aunque sea con un adormecimiento, en pos de entretener con una alucinación o tres. Va más allá el poeta, quiere con la mente, que la muerte sea finalmente vencida y el arte glorificado: ¿Cuántos siglos deberán pasar todavía / Antes de que la muerte sea finalmente vencida, / Y mis obras glorificadas? (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Habla de la vida, de las flores, de poder ver la belleza, recepcionar su visión primaveral, hay que ver la poesía, leer la poesía: sorpresa perenne dentro de la rosa del día (Oquendo de Amat dixit). Tienes que saber amar las flores / Antes de cerrar este libro para siempre. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’).

El poeta habla en nombre de todos, sumido en el principio de la vida, su misterio, su final, que se yergue en sonido sobre sonido detenido en el tiempo, como espasmo maravilloso. El movimiento, la revolución del mundo está en el jardín, hay un silencio extenso que ensaya perfección como en los antiguos haikus, que permiten escuchar y develar algún enigma o secreto. He allí, al decir del poeta, que ha traducido un manuscrito encontrado en una biblioteca de New York, de un matemático chino del siglo XIII llamado Ch’in Chiu-Shao, introductor del cero. Siguiendo otra línea de misterio, y es que puede ser cualquiera, alejado de los mayas (o no tanto por el Teorema de Yu y el círculo del año). Hechos que lo relacionan al maestro tapiador y encontrador de libros, Jorge Luis Borges.

Nada produce más que un rosal. (‘Diario Z + 1:2/1/2004’). Hay un niño grandioso que juega, se esconde, en su inocencia respira, por todos, purifica el aire, la materia. Cree en los libros dorados, bebe de ellos. Su culpa es sentir la pureza, hacerla alguna esfera: florecer de redondamientos. La fe se eleva. El poeta crea porque cree en la renovación del mundo, en su perfeccionamiento floral, su perfume delicado de azahar. Teoría de los cambios es un sueño creado, una posibilidad materializable. La belleza es su motivo, su fundamento, rezo que colorea el pecado del invierno, del verano: Sobre mi cabeza flota la luna. (‘Teoría de los cambios’). La noche es el pensamiento que resplandece en espejo, porque la ven desnuda y delicada, peligrosísima, por las guerras en que se ha envuelto para ser libre. En la búsqueda de la equidad de la distribución de la riqueza. Pero todo está en movimiento y los estratos sociales también se intercambian, mediante saltos (‘Centro’: el principio de cambio permanece). Proyecto sobre nuevo proyecto la locura también escala: son otras rutas sus líos, sus ríos de poesía. Las sentencias, las afirmaciones se atraen entre ellas; las contradicciones hacen la luz que las salvan (acertarás cuando leas poesía. Se dice en ‘Poesía para señoritas’).

El poeta ha bebido el agua cristalina de la poesía, está ebrio de poesía negra y así canta y así sufre, traza una elegía para la abolición de la muerte. Para refrescar la mente, el corazón golpeado. Cree, otra vez y otra vez, limpia el cielo, dice: América despierta. A pesar de la incógnita, a pesar de que no controle nada y que el equilibrio del universo se da en lo que aún no se a descubierto. Las leyes fantasmas hacen el equilibrio del mundo, siempre viejo, siempre nuevo. Vivo. El poeta vuela, alcanzando la cumbre en una flor (‘Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Todas las flores, hasta las cosas oscuras. América una, indescifrable, inmaterial (‘VII, Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Una gota de rocío es un océano (‘IX, Ávatar: Epístola a los discípulos de Krisol’). Todo se equilibra en la mente, un sonido extraño trazado abre otro universo: Esta bendición se ha producido y la sanación también. (‘Bendiciones Místicas’). El poeta es libre y liberado se relaciona con algún otro en el gran poema del mundo, múltiple, de sesgo, de reducción, a lo mínimo, hacia los secretos, está en todos los tiempos: Traspasa la montaña hacia la luz.

La visión del poeta se eleva en distingo finísimo sobre todas las cosas. Enrique Verástegui con Teoría de los cambios (Sol negro/Cascahuesos Editores, 2009) vuelve a demostrar que es el poeta mayor de Hora zero, junto a Juan Ramírez Ruiz. Confirmando, además, que el movimiento Hora Zero es el más grande y más ambicioso y más diverso de la literatura peruana, junto al Grupo Norte. Hechos que algunos venenosos, ridículos y verdaderos atrasados tratan de menguar por ser su acción hecha por brillantes mestizos, cholos, negros y blancos que a punta de picota labran cultura y poesía viva. A veces poesía sucia, inaceptable, brillante, enferma, peligrosa, radiactiva, radiante, contranatura, contratodo.

DOS POEMAS DE CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO

Nuestro amigo y poeta Juan Carlos de la Fuente Umetsu ha publicado en su blog Noticias del interior dos poemas de Ciudadelirio de Mario Morquencho como adelanto de la presentación de este jueves 22 en el Salón Hora Zero (Bar Queirolo – Centro de de Lima), 7:30 p.m.

DOS POEMAS DE CIUDADELIRIO


LA SIETE TRES

Aquí hay rostros de todos los colores,
rostros de princesas sin príncipe,
de sirenas en un plato de mariscos,
de niños tristes y gomitas de dulce,
de góticos y siniestros laberintos azules,
rostros con labios de secretaria a minifalda
con senos y glúteos que desbordan
altísimos niveles de morbo,
rostros de viejas gordas y gruñonas,
de obesos sudorosos y calvos,
de bigotones, dormilones y viejos verdes,
rostros con ojos de fábrica,
con ojos de obrero mal pagado,
rostros de “periódico chicha”,
de edificios sucios e inhabitables,
de azoteas poco confiables e inaccesibles
de casas a medio construir y aún más invisibles,
rostros de publicidad barata en todos los rincones,
de un graffiti clandestino,
rostros que llevan una ecografía de día lunes,
rostros que putean a cualquier cosa,
rostros que tienen rasgo de papel cansado,
rostros de paisajes y planetas perdidos,
rostros presurosos por llegar a cualquier destino,
rostro de plazuelas fugaces, de óvalos jorobados,
de by pass rumiantes y vía expresa inacabable,
rostros de ventana de emergencia,
de boleto de pasaje arrugado en el bolsillo,
de chulío tramposo, de chofer nervioso,
de calcomanía sin sentido, de carteles de protesta,
de “Vamos a la huelga”, de “No al paro”, de “Sí a todo”,
rostros de postes tísicos y enfermos,
de semáforo indeciso, de señales sin destino,
de paraderos repletos de impuntualidades mutuas,
rostros para colgar estrellas,
para descolgar cometas,
para dibujar otra cosa que no sea un rostro,
rostros que se olvidan, que no se nombran
o no tienen descripción,
rostro de todos, con escenas rutinarias y repetitivas,
decadentes e irónicas,
de películas viejas y en estreno,
de lunes, martes, lunes, miércoles,
jueves, lunes, viernes, sábado
y domingo al fin tu rostro,
el mío, el de ellos,
el de todos.


ASESINATO EN LA CALLE OMICRÓN

Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera. De ir a trabajar un día como hoy, de estar afeitado y tener el cabello recortado, con el rostro impecable, el piqué y el pantalón de color azul pulcros y planchados, los zapatos negros brillantes como un charco que la lluvia ha creado en mis pies… y nunca olvidarme del fotocheck con mis 26 años encima y la cara de loco olvidado en la maquinaria cotidiana de las horas de ser un empleado con el sueldo mínimo.

Me he vengado de abrir la puerta y bajar las escaleras a las 7 y 30 de la mañana, de lunes a viernes, bajar las escaleras de fierro y en espiral todos los días sin tropezar siquiera porque salgo a las justas. Me he vengado de subir al bus de la rutina, del diario matutino, del noticiero de las 6 de la mañana, del gallo que sobrevive como un reloj en la azotea, del café con leche y la carretilla de la esquina.

Lo he matado con el cuchillo con que corto el pan y lo unto con mantequilla.
¡En mis manos sangra cotidiano! La epilepsia, la agonía, la sangre por la boca, los ojos que se alejan de ser ojos, el rostro que se aleja de ser rostro.
¡Lo he matado, estoy seguro!

Me he cansado de ver su rostro, de ver los restos inmóviles, la incertidumbre de la muerte y el crimen. He optado por envolverlo con los periódicos pasados, envolver los restos, al cadáver cotidiano envolverlo con las noticias de la semana pasada, con el suicidio de ayer en un hostal perdido en la bruma de la madrugada en Lima, envolver sus extremidades con el abuso policial y la corrupción de los ministerios y el puto sistema capitalista, envolver su dorso con las estadísticas económicas y las encuestas políticas, volverlo a envolver con la injusticia social, con los jubilados que mueren haciendo cola, con los enfermos y los niños que lo único que tienen en la vida es una enfermedad extraña que se llama olvido, con los jueces que se hacen ricos y los clérigos prostituyendo el paraíso. Los buenos son pocos y contaditos.

Después de envolver al cuerpo como una estatua de papel periódico, como una obra de arte de lo que lees antes de ir al trabajo o lo que ves en las noches antes de dormir, bien envuelto todo, cada uno de los cabellos, las uñas, los bellos sombríos, envuelto el reloj y la alarma, el tatuaje en el hombro, la cicatriz de la rodilla, los pies, los caminos, la lagartija que le sale del sueño envuelto como un regalo y todo desaparecerlo dentro de una gran bolsa de plástico negra, canjearlo por una nube, por un día sólo conmigo mismo…
Lo he matado, sí
¡Lo he matado!
¡Lo he matado!

El cuchillo en la mesa viste bermejo
y baila tango…baila tango el muy pendejo.

viernes, 16 de abril de 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO CIUDADELIRIO DE MARIO MORQUENCHO (SOL NEGRO EDITORES, 2010)

Presentación del libro
Día: Jueves 22 de abril
Lugar: Salón Hora Zero (Queirolo del Centro de Lima)
Hora: 7:30 p.m.
Presentadores: Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel

La obra
A veces los poetas olvidamos que la realidad es parte vital de la ilusión. Mario no, él contempla y luego sabe, transforma en conocimiento lo observado, lo registra en versos que nos golpean el rostro y que luego nos consuelan. Nos muestra la ciudad en un tour humano donde las veredas dejan de ser asfalto para convertirse en piel. Lima, la gris y terrible Lima, puede difuminarse hasta el blanco más puro u oscurecerse al vacío total.
Ciudadelirio es la reflexión del que ve en las calles mucho más que peatones, restaurantes y jardines. Es ver el cielo preñado de sótanos, rostros que tienen rasgo de papel cansado, la mente convertida en un globo, el equilibrio de la nostalgia muy bien logrado (Karina Valcárcel).

El autor
Mario Morquencho (Los Órganos-Piura, 1982). Empezó a escribir sin darse cuenta durante una época depresiva de su vida. Radica en Lima desde el año 2006. Formó parte del desaparecido colectivo Heridita. Ha participado en distintas ferias y recitales de poesía. Actualmente integra el colectivo Cadáver Exquisito. Renunció a su trabajo para poder publicar este libro. Aún no se acostumbra a la ciudad.

martes, 13 de abril de 2010

Amanecidas violentas de mundos: por los mundos de José Pancorvo… "porque todos los mundos son espejos” por Gustavo Reátegui Oliva

En este su quinto libro integral José Pancorvo el gran poeta del s xxi peruano; y mundial, crea y revela otro mundo en el que se sienten muy bien integradas todas sus otras poéticas, sus otros estilos, sus otras voces, otros yoes, un yosotros orbis y atemporal signado y transido de una cualidad supratemporal: mística. Dividido en 4 partes como cánticos a las 4 direcciones del ser el poemario se divide en Canciones a la Eternidad Violenta, Estados Unimismados, Amanecidas Reaccionarias, Satánicas, Vulgares, Hieráticas y Mundiales y se cierra o se abre según se vea con las Amanecidas Del Imperator Inca Rey En La Plaza De Armas De La Ciudad De Los Reyes. Un total de 68 poemas alucinantes por decir lo menos.

En estas Amanecidas Violentas de mundos (Lima: Sol negro editores, 2009) se ha mixtificado en grande: el vate propone una época de advenimiento de lo sublime, espiritual y verdaderamente beneficioso para el ser, la tradición sincrética originaria-occidental es abordada desde un limpio humor; echando mano de monstruos, ángeles, dioses homologados, contraditios de lo políticamente correcto, oráculos, espejos, dobles, voces surrealizantes y hábitos de vanguardia, apoyado en mitos; el poeta va desenrollando un mundo de atmósfera punk rock con fugas de huayno en griego, aymara, francés o quechua.

martes, 6 de abril de 2010

Amanecidas violentas de mundos de José Pancorvo y el prestigio de lo místico por David Abanto Aragón

porque un verdadero poema es
un peligro
mortal

José Pancorvo, Amanecida Violenta Decidida

La hazaña creadora de José Pancorvo (Lima, 1952) que nos presenta Amanecidas violentas de mundos (Sol Negro editores, 2009) se sostiene en un eje que atraviesa toda la obra poética publicada del poeta. Este eje se asienta, como ya lo ha señalado Ricardo González Vigil, en la magistral síntesis que logra entre lo antiguo (poemas épicos y fabulaciones mitológicas de la Antigüedad, el Renacimiento italiano y el Siglo de Oro español) y lo moderno (legado romántico-simbolista-expresionista-surrealista), que le permite poseer un aliento heroico y mítico; sostenido y arquitectónico a lo largo de su obra edita.

Integrado por cuatro partes, Amanecidas violentas de mundos desarrolla, en primer lugar, un viaje de carácter místico en aras de una «vita nouva» (cual nuevo Dante), pero inmerso en «el mundanal ruido» del Inferno que nos ofrece la nueva centuria. En segundo término, esa travesía puede ser vista como una búsqueda moral bajo la necesidad de construir un horizonte ético.

Debemos considerar como en cada una de esta cuatro partes, en cada poema y entre los poemas estalla con «violencia» el tono profético, teñido de milenarismo, Apocalipsis y vuelta del Mesías, y se establece una tensión en la que, como ha señalado Salomón Valderrama, se percibe: «El espacio creativo, posible enfrentado a la realidad. Lo real formado versus lo irreal en deformación».

Cuatro secciones que se erigen como espacios y portavoces de la memoria de la experiencia humana con una capacidad de reinterpretarla desde una compleja óptica que reconstruye los orígenes de la travesía poética del mismo Pancorvo.

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martes, 30 de marzo de 2010

JOSÉ PANCORVO Y ENRIQUE VERÁSTEGUI EN NOCHE DE SOL NEGRO EN YACANA 2009

José Pancorvo, José Luis Ramos Flores y Paul Guillén

Enrique Verástegui y José Luis Ramos Flores

José Pancorvo y José Luis Ramos Flores

Fuente: El Zorro de Abajo

domingo, 14 de marzo de 2010

SOL NEGRO / SOL NEGRO






Sol negro
(Caetano Veloso)


En la noche les traigo mi voz y el mar
Mi esquina es la luz de un sol en negro dolor
Es el amor que murió en la noche del Mar

¡Oh Nuestra Señora!
¿Cuánto tiempo ha pasado
De ir más allá del mar
Además de las armas de Yemayá
Adiós